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Hna. Casilda Díaz Deus

“Estoy a la puerta y llamo”.

 

 

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Un saludo de fraternidad para todas en la fiesta de San Joaquín y Santa Ana. A la vez os comunico que tenemos una nueva intercesora ante el Señor. Hoy, día 26 de julio de 2017, celebramos, con dolor y esperanza, el paso a la Vida de nuestra querida HNA. CASILDA DÍAZ DEUS. Falleció a los 89 años de edad y 54 de Vida Consagrada. En estos últimos meses la enfermería “Santa Teresa”, Casa Madre, Barcelona, está experimentando la visita frecuente del Señor “estoy a la puerta y llamo…”; llamada e invitación a participar en el Banquete del Reino, donde cada una tiene reservado “su sitio”, lugar de gozo eterno en la casa del Padre.

 

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Camino recorrido 

Hna. Casilda nació el 21 de febrero de 1928, en Mugardos (A Coruña) y profesó, como Carmelita Misionera, en el noviciado de Pamplona el día 10 de noviembre de 1962. Su primer destino, después de un breve tiempo en la casa de formación, fue la Casa Madre, Barcelona, donde colaboró en servicios comunitarios y perfeccionó sus habilidades en corte y confección. Releyendo su trayectoria comunitaria y apostólica la encontramos en las comunidades de la Clínica Solarium y de La Alianza en Barcelona. En el año 1973 fue destinada a Ciudadela (Menorca) donde estuvo varios años colaborando activamente en el Hospital y en la misión comunitaria; fue, como ella comentaba, un tiempo de gracia y una oportunidad para descubrir la vivencia carismática de las primeras hermanas. Regresa a Barcelona en 1988 y se incardina en la comunidad “Virgen del Carmen”, Casa Madre. Durante muchos años, con entrega y disponibilidad, cuidó y atendió a Hermanas mayores. Aquí, como en otros lugares, puso sus habilidades al servicio de los demás y acompañó a un grupo de hermanas y laicas en la confección de ropa para las misiones. Al final del camino y, con el organismo debilitado por la enfermedad, fue destinada a la enfermería “Santa Teresa”, Casa Madre, donde ha vivió un largo proceso de purificación y caminó lentamente hacia la meta: el encuentro definitivo con el Dios del amor y la misericordia, en quien confiaba.

 

 

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Huella que ha dejado:

 

El gozo vocacional, el vivir en comunidad y pertenecer a la Familia del Carmelo Misionero. Le gustaba conocer el quehacer de la Provincia y la Congregación, oraba por todas. Su actitud orante y contemplativa, su vivencia teologal; mujer de fe y esperanza. Su disponibilidad y responsabilidad en el servicio comunitario. Su alegría y sentido del humor para hacer la vida agradable a los demás. Su fortaleza de ánimo en el camino de la cruz, uniendo sus sufrimientos a los de Cristo salvador.

 

 

 

¡Gracias Casilda! por la huella de tu caminar. Oramos en Familia para que disfrutes de la presencia plena del Señor. Contamos con tu intercesión.

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 26 de julio 2017

 



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