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Hna. Mª Teresa Francés Garbayo

“Estoy a la puerta y llamo”.

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Celebramos con fe y esperanza el Paso a la Vida de nuestra querida HERMANA MARIA TERESA FRANCÉS GARBAYO. El 22 de septiembre el Señor la llamó, a los 101 años de edad y 77 de Vida Consagrada, para participar en la Pascua eterna. Ha llegado a la meta y está disfrutando del banquete del Reino donde se ha presentado con su vestido de fiesta, el vestido del amor y la gratitud. Oramos por ella y por su comunidad “Nuestra Señora de las Virtudes”, Tárrega (Barcelona). 

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Camino recorrido 

María Teresa nació en Cintruénigo (Navarra) el día 15 de octubre de 1915 y profesó como Carmelita Misionera en Pamplona el día 12 de marzo de 1940. En su larga trayectoria vocacional y apostólica podríamos destacar muchos gestos de entrega y de servicio a los hermanos, especialmente a los enfermos. Todo queda escrito en el libro de su vida. Hoy es un momento oportuno para reconocer y bendecir al Señor por la obra que ha ido haciendo en su existencia y por su servicio a la Iglesia y a la Congregación. Su primer destino fue la comunidad de La Alianza, Barcelona; después de unos años fue trasladada a la comunidad de Lérida, donde estuvo 20 años; del 1968 al 1983 formó parte de la comunidad de Gerona. En estos tres lugares trabajó incansablemente en la atención y cuidado de los enfermos en las Clínicas y Hospitales. Posteriormente estuvo varios años en la comunidad “El Carmelo” de Tárrega realizando diferentes servicios. En el año 1997 fue destinada a la comunidad “Nuestra Señora de las Virtudes”, del mismo Tárrega, donde ha vivido la última etapa de su vida, acogiendo el proceso de su enfermedad y preparándose, con la mente lúcida y la lámpara encendida, al encuentro definitivo con el Señor. 

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Huella que ha dejado:

Con gratitud recordamos ha huella que nos ha dejado en su largo caminar: fidelidad y respuesta generosa a su vocación de Carmelita Misionera; vivencia teologal durante los 77 años de vida consagrada; servicio y entrega a los enfermos y a los más necesitados; fortaleza y capacidad de sufrimiento vivido en silencio; responsabilidad en el trabajo y colaboración en las comunidades; vida sencilla y fraterna; acogida y escucha; amor a la Congregación, a la Iglesia y a los hermanos; por todos y por todo oraba constantemente.  

Gracias Teresa, tu vida es un testimonio para nosotras y para los que has encontrado en el camino. Esperamos que sigas intercediendo por tus Hermanas ante el Dios de la Vida y de la Resurrección.   

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 28 de septiembre de 2017



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