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Hna. María Josefa Ubiria Iguzquiaaguirre

“Estoy a la puerta y llamo”.

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En comunión de fe y esperanza acogemos el paso a la Vida de nuestra querida HNA. MARÍA JOSEFA UBIRÍA IGUZQUIAGUIRRE. El 30 de septiembre de 2017 fue llamada por el Señor a gozar de la Pascua eterna. Ha llegado a la meta con la lámpara encendida y ha entrado en el Banquete del Reino, donde cantará eternamente las misericordias del Señor, junto con todos los elegidos que nos van precediendo. Ha fallecido a los 82 años de edad y 60 de Vida Consagrada, en la comunidad “Padre Palau” de San Sebastián.

 

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Camino recorrido 

 

María Josefa nació en Lesaca (Navarra) el día 20 abril de 1935 y profesó como Carmelita Misionera en Pamplona el día 11 de mayo de 1957. En su trayectoria vocacional y apostólica podríamos destacar muchos gestos de entrega, especialmente a las hermanas, los enfermos y los pobres. Francia, Baio (La Coruña) y San Sebastián han sido los tres lugares donde nuestra hermana ha vivido y compartido fraternidad y misión apostólica. En Francia estuvo 18 años entre las comunidades de Perpignan-Clínica la Roussillonnaise y Villeneuve. Sin embargo, la mayor parte de su vida religiosa, 39 años, ha estado en las diferentes comunidades de San Sebastián; con su buen hacer, ha motivado y acompañado a las hermanas y ha trabajado con generosa disponibilidad en el cuidado de los enfermos y en otras actividades pastorales. Ha vivido un proceso lento de enfermedad, estaba delicada de salud, su situación se ha ido agravando durante los cuatro últimos meses. Con sencillez y paz ha partido hacia la Casa del Padre, donde sin duda ya está gozando de su presencia.

 

 

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Huella que ha dejado:

Juntas damos gracias al Señor y recordamos la huella que nos ha dejado en su caminar: respuesta fiel y generosa a la llamada del Señor; sentido teologal y actitud orante y contemplativa; servicio y entrega a los enfermos y a los más necesitados; acogida y sencillez; responsabilidad comunitaria; detalles con las hermanas y sentido de fraternidad; solidaridad y compromiso; buena relación y comunicación en el trato; amor a la Congregación y a la Iglesia.

 

 

Con sentido de comunión, oramos por nuestra Hermana para que goce eternamente de la presencia del Señor. Contamos con su intercesión; que Él nos ayude a pasar por la vida haciendo el bien y testimoniando el amor y la ternura del Padre como, sin duda, intentó hacer María Josefa.

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

Madrid, 6 de octubre de 2017



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