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Concluyen las Jornadas

Escuela del Silencio - Ávila

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Durante casi cuatro días, nos hemos juntado en Ávila, en la casa carmelitana, veinticinco buscadores, convocados por “El Silencio”. Se trataba de un encuentro de “La Escuela del Silencio” facilitado por Lola Montes, discípula del P. José Moratiel.

Cuando decimos Silencio, no nos referimos sólo o principalmente a la ausencia de palabras, aunque ciertamente esto también ha sido necesario e importante y lo hemos cuidado con mimo.

Por Silencio entendemos ese espacio de vacío y apertura interior que posibilita la irrupción de “Lo Nuevo” y esa “Novedad” brota siempre más allá del pensamiento e imaginación, más allá de las emociones. Más allá, sobre todo de eso que llamamos “ego”

Sentados frente al “Misterio” nos hemos hecho disponibles a recibir este don.

¿Qué decir de estos días? Cada uno ha vivido una experiencia única, irrepetible e intransferible, como es todo lo que se vive dentro. Sin embargo, tal vez me atrevería a hablar de algunos “regalos “comunes y que a todos nos han alcanzado en mayor o menor medida (a tenor de lo que hemos compartido más tarde en palabras y por lo que se dejaba vislumbrar en los rostros)

1.- Experiencia de paz.  Lo cual no significa que no haya habido turbulencias, vaivenes y hasta tsunamis durante esta inmersión en la hondura. Pero en el fondo las aguas se remansan. Y aunque parezca imperceptible, algo dentro se ha apaciguado.

2.- Experiencia de luz. Esta luz del Silencio, a veces se nos ha escondido y se ha asemejado más a una noche oscura (en palabras de S. Juan de la Cruz) Pero si hemos estado atentos, habremos caído en la cuenta de que un rescoldo, una llamita, arde dentro sin consumirse.

3.- Experiencia de unidad, de comunión. Es muy hermoso palpar esa unidad en la diversidad. Allí estábamos creyentes y agnósticos; cristianos y no cristianos, jóvenes y maduritos. Todos con experiencias vitales muy diferentes y sin embargo hay “Algo” o “Alguien” que crea lazos y vínculos, y eso sin necesidad de palabras. El Silencio lo hemos experimentado como fuente de unificación interior y exterior.

Cada uno podría expresarlo con sus propias palabras, pero mejor dejar que el Silencio hable, y que lo haga en nuestra vida.

En fin, hemos bebido del pozo de las Aguas profundas para saciar nuestra sed de Infinito, y volver luego al “mercado”, a la vida, más atentos y despiertos, con las lámparas encendidas para que cuando llegue el Esposo nos encuentre dispuestos para el banquete.

                                                                                                                                                                                                                                    Mª Jesús Moreno

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« Ávila, del 24 al 26 de Marzo, 2017 Ejercicios de Silencio y contemplación »

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