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Burgos - Guardería

C/ San Julián, 5, 5ºB
09002 BURGOS
Tel.: 947 26 19 66 (Comunidad)
Fax: 947 20 68 92 (Guardería)
e-mail: burgoshuelgas@carmiseuropa.org

 

Burgos - María Madre de la Iglesia 

Decir “las Huelgas” entre nosotras evoca toda una tradición entre las comunidades de Carmelitas Misioneras que nos encontramos en Burgos. Nació ésta con un sello bien marcado: responder... responder al Señor que ama a los pobres y responder a los pobres que reclaman justicia. Y con ese sello vamos caminando hace ya 40 tejiendo esta hermosa historia al calor de la fraternidad.

La realidad social pronto hizo llegar una llamada urgente: los gitanos marginados de una concentración de chabolas, “la Bakimet”. Su situación era más que precaria. Allí se concentraban todos los problemas de la exclusión: droga y violencia, analfabetismo, malos tratos, paro, cárcel... La comunidad se planteó una respuesta... y las puertas de la casa se abrieron a niños y mamás. Un centro de promoción de la mujer empezó a trabajar con ellas para abordar problemas fundamentales de supervivencia y formación integral. No faltaron problemas cuando se trató de dar cabida a los niños de este ghetto, pero las hermanas no dudaron: si hay que elegir, elegimos a los más pobres.

Han pasado muchos años, hemos ido conociendo varias generaciones de los gitanos de Burgos con sus alegrías y sus penas, con sus esperanzas y su cultura particular. Con ellas y sus hijos hemos luchado por la dignidad y la justicia, que tienen nombres muy concretos en la vida de las personas: respeto y relación, escucha y acogida, una casa, unos estudios, un médico, alimentos, cualificación profesional, acompañamiento, asesoría jurídica... Un largo camino que ya va viendo, despacio, sus frutos. No es fácil la promoción, pero es más difícil lograr que el resto de la sociedad acoja a miembros diferentes. ¡El círculo de la exclusión no se rompe sólo por una parte!

Hace tres años encontramos una nueva realidad. “Nuestros” gitanos entraban en otros centros porque, al fin, se logró el realojo en casas normales rompiendo el agrupamiento estilo ghetto. Pero... una nueva realidad llamó a nuestra puerta: los inmigrantes. Su situación es de extrema precariedad, social y económicamente hablando. A los problemas que traen de sus lugares de origen, hay que sumar los que se encuentran aquí y las dolorosas rupturas del desarraigo. Para ayudar a la integración laboral de las madres, único medio de salir adelante, acogemos a los niños cuando la familia, o la madre sola, no tienen recursos económicos, es decir, casi siempre.

Este año hemos inaugurado los nuevos locales y aunque tenemos más espacio, no es suficiente para recibir tanta demanda. Lo único que nos sobra es cariño para repartir entre ellos. La tristeza por tantos dramas, la cara oculta de la emigración, se olvida con las risas de los niños abriéndose a la vida a pesar de los problemas. Ellos no conocen dificultades por sus distintas nacionalidades, religiones y razas. Para ellos sólo hay otros niños con los que jugar y personas que les quieren.

La comunidad, actualmente formada por cinco hermanas, atiende también a otras labores pastorales, en estos momentos son grupos de oración, catequesis y liturgia, según las necesidades de nuestra iglesia local y nuestra parroquia.

Seguimos cada día con la seguridad de que un nuevo mundo es posible. Cada rostro que pasa por nuestra casa nos confirma que Dios es Padre de todos. Y con la fuerza de Jesús Resucitado lo vivimos diariamente.


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