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P. FRANCISCO PALAU EXORCISTA

ALGUNOS APUNTES COMO PREPARACIÓN AL TEMA CENTRAL DE LA PRÓXIMA CÁTEDRA FRANCISCO PALAU

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A partir de 1864 el P. Palau siente una llamada especial a ejercer el exorcismo como ministerio eclesial y de su testimonio de entrega en favor de los más necesitados y marginados de su tiempo. Desde este lugar de Santa Cruz de Vallcarca – Els Penitents acogió y ayudó a sanar y liberar a mucha gente que acudía a él con heridas abiertas. La pasión por la Iglesia le llevó a hacer presente la misericordia y la caridad hecha ternura y servicio a los más débiles y olvidados. Jesús deja muy claro lo que es curar enfermos y expulsar demonios: Mt. 11, 5; Lc. 7, 22; Mc. 1, 24; Mc. 1, 25 ; Lc. 8, 1-3; Mt. 12, 28 . El diablo existe y el propio Cristo exortizó y dejó este ministerio a su Iglesia. 

El P. Palau en su misión popular por este gran cinturón de Barcelona se le agudizó el sentido de lucha contra el mal. Él tenía seguro que el diablo se posesionaba de la persona y la privaba de toda libertad. Un día hablando con un exorcista y ante la pregunta que le hice de que si veía claro si era posesión o enfermedad mental y que manifestaciones destacaban, me comunicó que normalmente empieza en turbar de mil maneras a la persona, que puede ir desde manipular objetos, quemar libros, averiar coches o teléfonos hasta sugerir pensamientos malos contra sí mismo o contra otros con intensa insistencia, aunque sin llegar a poseer a la persona. Uno de los síntomas de posesión es la suplantación de la voluntad; es decir, cuando una persona realiza actos voluntarios que no provienen de ella. De hecho, aunque una persona esté poseída, puede comulgar con aparente normalidad. Hoy como en tiempos del P. Palau la brujería y adivinación, son los puertos de entrada del mal. Según me dice el exorcista que muchos de los casos de posesiones se dan por maleficios. Personas que van a brujos que, invocan al demonio, le encomiendan un mal contra otra persona. Dialogando con el exorcista se le preguntó que síntomas pueden tener una posesión: Enfermedad diagnosticada persistente y resistente al tratamiento, situación personal negativa en varios frentes que nunca se solucionan. Los más evidentes son: Sentir presencias, fenómenos para normales, voces interiores o pesadillas extremadamente reales. Comportamientos auto lesivos: Intento de suicidio, maltrato propio, etc… Y parece que estos síntomas adquieren mayor importancia si, además, la persona ha participado en sesiones de espiritismo, gúija o reiki, o si ha frecuentado personas que practiquen magia, adivinación o ritos satánicos.

Actualmente esto del exorcismo está muy cuestionado, una de las razones es que nuestra sociedad se está volviendo cada vez más atea, las personas se están alejando de la Oración, de las cosas de Dios… por lo que hay menos defensas contra el demonio. Dudosas son también algunas prácticas orientales aparentemente positivas; la mayoría de las religiones orientales se basan en la falsa creencia de la reencarnación. Otro punto de preocupación es la incidencia de las Sectas que su único fin es explotar a la persona vulnerable, privándola de su libertad (que es destruida, dañando así la familia y la sociedad), pisoteando sus derechos, imponiendo un modelo estricto de existencia, encerrándola en una estructura totalizante, llevándola a un aislamiento social y afectivo, a una despersonalización.                        

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El P. Palau entiende que los males de la época encuentran su matiz en el satanismo y por esto se lanzó a combatirlo: “Los espiritistas son un brazo de la fracmasonería. El espiritismo es el sacerdocio del paganismo moderno, y sus apóstoles hacen cosas muy prodigiosas. Entre otros tienen el poder de curación, no por la gracia, sino por poder comunicado por Behlezebud, príncipe de todos los demonios” (escribe en  “El Ermitaño”,  29 de junio de 1871). Uno de los discípulos fue el P. Joaquin Piñol, tenía una casa de oración en el nº 7 de la calle Mirallers, donde con un grupo de colaboradores practicaba exorcismos. Piñol ganó para la causa al más grande poeta catalán, el P. Jacinto Verdaguer. Pocos hombres en España supieron ante lo que se hallaban como el P. Palau. Las discordias y los males del siglo XIX no eran cuestiones naturales, sino que tenían su raíz en el mismo origen del mal. La mística del P. Palau es combativa sus conocimientos sobre esoterismo lo capacitaban para saber lo que se enfrentaba. Frente a la cómoda e ingenua percepción del mal que en su época empezaba a prevalecer, el P. Palau tenía muy claro que había que armarse y dar la batalla (por invisible que ésta fuese) al demonio.

“En virtud de esta fe que confesamos hemos delatado y de nuevo delatamos ante el tribunal supremo de la Iglesia un cuerpo de doctrinas, que sostenido por hombres, por muchos títulos respetables, las defienden: las delatamos como erróneas, falsas, funestísimas al catolicismo, porque tienden a dejarle inerme en las batallas contra las potestades adversas en medio del campamento en una lucha de las más encarnizadas que haya habido:

1) Dicen que ahora no hay demonios sobre la tierra, porque Cristo los encerró al infierno con su venida.

2) Que no pueden entrar en los cuerpos humanos, no poseerlos.

3) Que ahora no hay energúmenos, y si confiesan su existencia, pretenden demostrar que son casos tan raros que “parum pro nihilo reputatur”, estos niegan embarazadamente al Exorcistado materia suficiente.

4) Que no hay maleficio, esto es, que un hombre no puede dañar a otro sirviéndose del arte diabólico.

El Anticristo dañará no al individuo y la familia solamente, sino al orbe entero ¿y cómo? Con el poder, con virtud, con el ministerio de Satanás “in omni operatone Satanas in signus es portentis”. (“El Ermitaño”, 13 de abril de 1871)

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El P. Palau combatió abiertamente en sus predicaciones y desde su periódico “El Ermitaño”, a los adeptos al espiritismo y las corrientes anticatólicas y anticlericales, no lo hacía como acción personal, sino como misión pastoral. Este tema despierta expectación, pero no se afronta en todo su alcance, el P. Palau dice que no se cree en él.

El P. Palau se encontró con mucha gente herida que se lanzó a aliviar y liberar.  El Obispo Pantaleón acogió la inquietud del P. Palau de viajar a Roma para presentar al Papa Pio IX el tema del exorcismo que tanto le preocupaba, lo hizo con el visto bueno de sus superiores. Entregó en el Vaticano cuatro cuadernos con estricto carácter reservado, escritos de su puño y letra con cuidada caligrafía y precedidos de una carta. Su nombre civil y religioso aparecía rubricado con: “Carmelita y Misionero Apostólico”.

Las apelaciones del P. Palau activaron las diligencias en los dicasterios vaticanos, toda una movida. Planteaba un ambicioso proyecto de crear y organizar una asociación de exorcistas con este específico apostolado. Veía la urgencia de abrir Hospitales y Centros de Acogida para poder atender a los posesos, energúmenos. El contenido del documento guarda semejanza en estilo, género y lenguaje con Mis Relaciones con la Iglesia, con las preocupaciones ya expuestas sobre el Exorcistado. Da una relación detallada de los casos de personas atendidas y curadas. El utilizaba la oración y el Ritual Romano.

Da toda una relación de testigos de hechos concretos. La documentación es expositiva aunque en un lenguaje altamente simbólico, enigmático, propio del género apocalíptico, profético y místico. El Papa le llamó mucho la atención del personaje, y pidió informes sobre el P. Palau a través del Secretario de la Congregación para Asuntos Extraordinarios Alessandro Franchi. El Obispo de Barcelona Pantaleón Montserrat dio un positivo informe dejando en muy buen lugar al P. Palau, le califica de sacerdote bien preparado, inteligente, de buenas costumbres y moral irreprensible, excelente religioso y entregado predicador- misionero, ferviente exorcista, elevado como buen místico. Alguna respuesta se dio por parte de Pio IX, pero no la anhelada clarificación a la solicitud del P. Palau sobre la práctica de los exorcismos. Ya iniciadas las pesquisas curiales, el 22 de enero de 1867 era expedido rescripto papal a favor de Francisco Palau con especiales facultades para la predicación y bendición del pueblo con concesión de indulgencia plenaria al fin de las misiones, también en la Capilla de la Virgen del Carmen de Santa Cruz de Vallcarca – Penitents, escenario concreto de los hechos extraordinarios descritos al Papa. Se ampliaba la concesión con 200 días de indulgencia a quienes visitaran la Capilla, presidida por la imagen de la Reina y Madre del Carmelo, y practicasen los ejercicios espirituales. Ni la más mínima alusión al tema de los exorcismos y a la dramática situación de los considerados posesos, endemoniados, energúmenos, enfermos… Pero de todas maneras su viaje a Roma fue de gran provecho para las fundaciones del P. Palau, pues le fueron concedidas patentes- por el procurador y comisario apostólico Pascual de Jesús María- como director de los Terciarios Carmelitas, con afiliación oficial a la Orden en la Congregación de España. 

SER SANADORES

Todos poseemos el Don de curar, tan sólo lo tenemos que “despertar” y sentirse enviado a esta misión. Todo el flujo de energía positiva espiritual nos viene de Dios, en la oración nuestra actitud receptiva permite la entrada de esta energía, poner en manos del Señor las personas que acuden en busca de salud, paz, serenidad…

  • Sanar con las manosCuando las manos se conectan al amor y la inteligencia, surge esa prodigiosa unión que se da en el acto creador. Nuestras manos son como imanes de pura fuerza: ¿Qué es lo que haces cuando te das un golpe, instintivamente? Eso es, cubres tu parte dolorida con las manos. Ese instinto es natural y curativo de por sí, Es llevar presencia y reconocimiento a la zona dolorida. Las manos sanan porque acompañan.
  • Sanar con la miradaSentir la mirada de Dios en la propia vida. Si no recibimos primero esta mirada sobre nosotros, difícilmente podremos darla. Dejemos que el Evangelio nos vaya sanando la vida; aprendiendo a contemplar la vida en su hondura y en su vulnerabilidad y también, en sus infinitas posibilidades. Cultivar la espiritualidad en nuestra vida cotidiana tiene que ver con aprender a mirar de otra manera. Este Evangelio de Mc. 1, 29-31) recoge todo el ministerio de Jesús.
  • Sanar con el silencio: En un mundo de ruidos, una señal de sabiduría sería pensar cómo llevar paz y consuelo a la sociedad. El silencio compartido (Oración) nos fortalece y equilibra. Educar para el silencio. El silencio sana nuestro estado interior.
  • Sanar con el abrazo: El abrazo tiene muchos beneficios, nos rescata de momentos de soledad, afirma nuestra confianza y autoestima, despierta la creatividad, disminuye la ansiedad y la tensión, reduce la depresión, calma los dolores, alivia el estrés, nos protege y conecta con la intuición, aquieta los miedos, nos hace más agradecidos y, por sobre todas las cosas alimenta las ganas de vivir.   
  • Sanar con La escucha, la sonrisa, con apretón de manos…        

Mírale en este cuerpo que es su Iglesia. Llagado y crucificado, indigente, perseguido, despreciado y burlado y bajo esta consideración, ofrécete a cuidarle y a prestarle aquellos servicios que estén en tu mano” (Escr. 1088, 2) 

Francisca Mª Esquius c.m

                                            

                                     



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