100 años del Colegio San José de Navàs (Barcelona)
Aunque la fecha exacta del aniversario era el 19 de marzo, fecha de la llegada de las primeras 6 hermanas a Navàs allá por 1925, aunque hace unos años que el Colegio se unió a la Escuela Diocesana de Navàs y las hermanas salimos del pueblo en 2019, y aunque en el presente curso ha entrado a formar parte de la Fundación Vedruna Catalunya Educació (FVCE), las Carmelitas Misioneras no podíamos faltar a la celebración institucional del centenario del querido Col·legi Sant Josep de Navàs que tuvo lugar el pasado sábado 7 de junio.

Hemos asistido a la misma Hna. Marta Peiró, coordinadora del sector educativo, las hermanas Emma Giralt y Carmen Muñoz, que han vivido y enseñado allí, Hna. Imaculata Kosat, y Hna. Irene Obradors, del Consejo provincial.
Después del acto institucional, hemos visitado una exposición fotográfica que recorría numerosos, significativos y curiosos momentos y escenas de esta historia centenaria, mientras los más pequeños disfrutaban de talleres y actividades lúdicas, y finalizando la fiesta con una cena compartida en el patio del colegio con acompañamiento musical en directo.
A lo largo de la tarde, las hermanas no hemos cesado de saludar a familias conocidas, profesores/as y exalumnos/as que guardan un grato recuerdo, lleno de cariño, de la historia vivida con la comunidad y en el colegio.

Todo ello nos mueve a dar gracias a Dios y a pedir por los educadores del presente, para que su labor educativa esté siempre animada por el amor a los niños/as y sea transmisora de valores evangélicos, que crezca y perfume como la plantita de romero que, de recuerdo, se ha llevado cada uno de los presentes en la celebración.

Hna. Irene Obradors, en su discurso, ha comparado la historia del colegio al árbol de la parábola del Evangelio, recordando y agradeciendo la entrega de las hermanas, el buen hacer de los educadores/as laicos/as hasta el presente y, deseando larga vida a la obra educativa y evangelizadora del colegio.
Mc 4, 26-34: «Dijo Jesús: “¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué podremos compararlo? Es como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo; pero, una vez sembrada, crece y se hace mayor que cualquiera otra planta del huerto, y echa ramas tan grandes que hasta los pájaros pueden anidar a su sombra.”».
Es para mí un honor participar hoy en este acto y lo es por tres motivos: en primer lugar, como navasense; en segundo lugar, como exalumna del Colegio San José; y por último, como carmelita misionera, representando aquí a mis hermanas de Congregación.
Cuando pienso en la historia del Colegio San José me viene a la cabeza la imagen de un árbol. Sí, lo comparo a un árbol…
Un árbol comienza con una semilla o un vástago. Aquí en Navàs, el árbol del Colegio San José que vemos hoy, fue plantado por voluntad de la autoridad civil y eclesiástica que esperaba unos frutos beneficiosos para el pueblo: la educación de los niños y el cuidado de los enfermos.
Y llegado el momento de hacerlo, ¿qué árbol podían plantar? Miraron el terreno de las poblaciones cercanas de Gironella y Berga, y vieron «una especie de árbol», llamado entonces «Carmelitas Descalzas Misioneras». Vieron que el árbol era hermoso, que la gente hablaba de él con satisfacción y desearon plantar uno en nuestra casa.
En Navàs, este árbol, plantado en 1925, arraigó y creció porque llevaba vigor en sí: el de una comunidad de hermanas, hijas espirituales del P. Francisco Palau y Quer, consagradas a Dios y entregadas al servicio de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, en la educación de los niños y la atención a los enfermos; dispuestas a cumplir su misión aunque fuera en medio de estrecheces y sacrificios. A esto se sumaba en Navàs, el adobo y el agua del riego que las autoridades y el vecindario le proporcionaban.
Así, a lo largo de una primera década, el tronco se fortaleció, creció y empezó a extender sus ramas, a llenarse de hojas, flores y frutos que eran dignos de admirar.
Llegó sin embargo el invierno adverso del año 36 y el árbol sufrió los embates del frío, el hielo y el viento, que lo dejaron desnudo. Sin embargo, no perdió la savia interna que siempre le había nutrido, y así, con la llegada de la primavera tres años más tarde, el árbol reverdeció, con hojas nuevas, seguidas de flores y frutos nuevos, de los que han comido una generación tras otra hasta la fecha.
La savia misionera del origen corría viva por las ramas de hermanas Carmelitas Misioneras como Encarnación, Bernardina, Sacramento, Petra, Montserrat, Josefa, Anna, Elena, Rita y Argensola, Carmen, Soledad, M. Estela, las Teresas, M. Ángeles, Emma… y tantas otras.
Con el paso de los años, tristemente, se secaron las primeras raíces, las Carmelitas Misioneras, pero el árbol fue injertado, primero, en el tronco de la Escuela diocesana de Navàs y, actualmente, en el proyecto educativo de la familia Vedruna, siempre con espíritu eclesial y con voluntad de continuar su misión evangelizadora, brillantes, contando en todo momento con un equipo de educadores laicos y laicas brillantes, de probada profesionalidad.
Así, el árbol del Sant Josep ha extendido otras raíces para encontrar el agua y la savia nueva que le permitan seguir creciendo y dando fruto sabroso. Y así ha llegado hasta el tiempo presente, que tenemos el gozo de ver este árbol centenario, un árbol frondoso en el que hemos anidado tantas generaciones, y donde hemos recibido educación, conocimientos, el fomento de destrezas y habilidades y, sobre todo, el descubrimiento de valores evangélicos como la interioridad, el afecto, el compromiso con la comunidad y la solidaridad humana.
En este sentido, las Carmelitas Misioneras tenemos un sueño: plantar un nuevo arbolito, a saber: poder poner los espacios de la comunidad religiosa al servicio de algún proyecto social que contribuya al empoderamiento de personas en situación de vulnerabilidad o en riesgo de exclusión social. ¡Ojalá sea posible y tenga el apoyo que ha tenido siempre el colegio!
De momento, hoy, contemplamos el árbol del Colegio San José con satisfacción y agradecimiento. En primer lugar, agradecimiento a Dios que, como dice San Pablo. es quien hace crecer; y después, agradecimiento a los sembradores y a los trabajadores, especialmente las hermanas y los educadores laicos y laicas, que con cuidado y cariño lo han ido cuidando a lo largo de tantos años y, a quienes lo siguen haciendo hoy. Y junto con el agradecimiento, un buen deseo: ¡Que sean muchos años más, Colegio San José!








Hna. Irene Obradors, cm
Navàs, 7 de junio de 2025

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