EL MES DE MAYO EN NUESTRA COMUNIDAD
El mes de mayo ha sido para nuestra comunidad un tiempo de gracia, de hondura espiritual y de una presencia muy viva de María en nuestro caminar cotidiano. Desde el primer día lo hemos ofrecido enteramente a la Virgen, dejándonos acompañar por las breves reflexiones que nuestro padre Fundador, Francisco Palau, nos dejó sobre la flor y la virtud de cada jornada. Con sencillez y deseo sincero, hemos intentado vivir estas virtudes en la vida fraterna, aun sabiendo que no siempre es fácil.


Por eso, cada día hemos pedido a nuestra Madre que nos sostenga, que nos enseñe a amar y que nos ayude a caminar con un corazón más dócil y confiado. La oración diaria y la ofrenda de la flor, preparadas con la ayuda generosa de nuestras trabajadoras, han sido un gesto humilde pero lleno de significado, uniendo nuestras manos y nuestras voces en un mismo acto de amor.

En este clima de oración, también hemos recordado el verdadero sentido de la fiesta de la Cruz de Mayo, contemplando su historia y su mensaje profundo. Las trabajadoras, con un cariño que siempre nos conmueve, se vistieron con trajes de flamenca y prepararon para todas nosotras una fiesta sencilla y alegre, con churros y chocolate, cantos, bailes y fotografías que capturaron la felicidad del momento. Fue un día luminoso, donde la fraternidad se hizo celebración y donde nuestras hermanas se sintieron especialmente contentas y acompañadas.
Entre los regalos que el Señor nos ha concedido este mes, uno de los más emotivos ha sido el encuentro de Hna. M.ª Jesús con su hermana M.ª Luisa, religiosa de las Hermanitas de los Pobres. Después de doce años sin verse, ambas pudieron abrazarse de nuevo. La alegría que irradiaban era un testimonio vivo de la fidelidad de Dios, que sabe sorprendernos con momentos que sanan, reconcilian y renuevan el alma.



Uno de los momentos más significativos del mes fue la Eucaristía celebrada por P. José Manuel, OCD, en acción de gracias por los 75 años de vida consagrada de nuestra querida Hna. Amelia Gañán, que celebró sus Bodas de Diamante. Fue una celebración llena de emoción y gratitud, donde reconocimos la fidelidad de toda una vida entregada y el testimonio luminoso que ella ofrece a nuestra comunidad y a toda la Congregación.
Con el corazón preparado, celebramos también la Vigilia de Pentecostés, adornando los espacios comunes para recordar la grandeza de esta solemnidad que renueva la Iglesia. Entre cantos y peticiones, cada hermana escogió uno de los dones del Espíritu Santo y también uno de sus frutos, pidiendo que Él abra nuestros corazones, nos haga dóciles a su acción y nos permita vivir con mayor profundidad la misión que se nos ha confiado.
Finalmente, concluimos este mes mariano con la oración comunitaria y la coronación de flores a la Virgen. En ese gesto sencillo, lleno de ternura y de fe, pusimos en manos de María a toda nuestra Congregación y a nuestras familias, confiando en su protección maternal y en su intercesión constante.

Mayo se cierra para nosotras como un mes de bendición, de encuentros que tocan el alma y de una presencia de Dios que se ha hecho sentir en lo pequeño y en lo grande. Guardamos en el corazón todo lo vivido, agradeciendo al Señor por cada detalle y pidiendo que los frutos de este tiempo sigan creciendo en nuestra comunidad.
Comunidad Sta. Teresa

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