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Domingo de la Santísima Trinidad

Del Evangelio de Juan 16, 12 – 15

….Todavía tengo muchas cosas que deciros….

Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero no tenéis fuerzas ahora; en cambio, cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os encaminará hacia la verdad total, pues no hablará por su cuenta sino que expondra lo que oiga y os indicará lo venidero.

Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo interpertará.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que toma de lo mío y os lo interpretará,

EN EL PADRE, MOVIDOS POR EL ESPÍRITU Y LA ENTREGA DEL HIJO

En el misterio de la Trinidad nos movemos, vivimos y existimos. Vivimos en el Padre del Amor y Creador.

Somos movidos y alentados por el Espíritu, cada día, en los grandes y pequeños momentos, allá por donde andemos, con nuestras circunstancias, expectativas, sufrimientos, dolores y logros. ¡Él siempre saca lo mejor de nosotros y nos anima!

Contemplamos la entrega del Hijo, hasta el final, sin límites, modelo inspirador en nuestra vida.

El Espíritu nos guiará hasta la verdad plena, nos hará entrar en la comunión única del Padre y del Hijo, que nos llama a todos nosotros a la unidad.

Hagamos del misterio trinitario un canto inspirador para nuestra vida cotidiana.

Fernando Cordero sscc

EL ESPÍRITU OS GUIARÁ HASTA LA VERDAD COMPLETA

El evangelio de este domingo Es un texto breve, pero profundo. En él aparecen el Padre, el Hijo –Jesús- y el Espíritu Santo. Este pasaje pertenece, como otros anteriores, al coloquio de Jesús con sus discípulos y discípulas después de la última cena, en el evangelio de Juan. En ese coloquio Jesús les promete a los discípulos cinco veces el Espíritu Santo. Nos lo dará con la resurrección.

Jesús lo llama aquí el Espíritu de la verdadEs una denominación importante. Frente a la mentira que envuelve muchas veces al mundo, el Espíritu viene a traernos la verdad. Es un privilegio, porque, entre tanta confusión, hemos recibido la verdad por la misericordia de Dios.

No es la verdad de la ciencia, sino la verdad de Dios, la verdad sobre el ser humano y la sociedad correcta, la verdad sobre los auténticos valores. Son los valores que nos comunican los evangelios. Pero el Espíritu nos los aclara por completo.

No es que el Espíritu añada nuevas enseñanzas al evangelio, sino que nos las hace entender correctamente. Sobre todo nos las hace experimentar y vivir, porque sus aclaraciones no son sólo intelectuales, sino vitales. Nos lleva a vivir auténticamente según el evangelio.

Por eso, el Espíritu es el verdadero guía de las comunidades cristianas y de sus componentes; es la verdadera madre de la Iglesia. Hemos de escuchar a nuestros pastores. Pero hemos de escuchar más al Espíritu, que nos habla dentro de nuestro corazón. Ello exige una purificación profunda. Recuerden esta sugerencia: Déjate conducir por el EspírituSólo él es el guía definitivo. Escucha a los demás, pero no los adores ni los tomes como definitivos. Todos los seres humanos sin excepción somos débiles y pecadores. Por eso, hermana, escucha sobre todo al Espíritu; déjate conducir por él.

Jesús dice a continuación que el Espíritu lo glorificará. ¿Cómo lo hace? Revelándonos  quién es este hombre misterioso llamado Jesús, hombre pleno e Hijo de Dios. Él nos muestra quién es Jesús. Y también nos muestra el verdadero rostro del Padre, que está tan distorsionado, incluso por los predicadores. Ese Padre que es amor, siempre amor, sólo amor, y amor incondicional.

Nuestro mundo necesita unas gotas de amor y unos besos de madre. ¡Qué belleza tener el Amor Trinitario, que sabe poner flores sobre el asfalto y miel entre los sables! Apoyando, claro está, la lucha por la justicia con toda su energía. Porque la Trinidad es el monoteísmo plural, que nos lleva con cariño de madre en su infinito seno.

Patxi Loidi

¿ACOGEMOS LA VERDAD DE NUESTRO DIOS Y NUESTRA PROPIA VERDAD?

¿Hemos experimentado muchas veces la imposibilidad de comunicar lo más hondo que sentimos o vivimos? ¿Nos hemos dado cuenta de que no lográbamos hacernos entender, porque no encontrábamos las palabras apropiadas?

Algo semejante ocurre con el evangelio de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad. Lo que Jesús tiene que decir a sus discípulos, lo que le gustaría comunicarles, excede la capacidad de comprensión que tienen. No pueden  “cargar con ello”.

Hace falta que vivan un proceso y que el Espíritu les vaya conduciendo a la verdad plena, completa. El verbo que usa san Juan: guiar hacia la verdad, evoca el ponerse movimiento, dirigirse hacia… No se trata de comprendan algo racionalmente, sino de situarse de otro modo ante el misterio de Dios.

En el concilio de Nicea (325) y en el de Constantinopla (381) los teólogos hicieron un esfuerzo por expresar “la verdad” sobre Jesús, tal como la comprendían entonces y formularon la doctrina sobre la Trinidad con las categorías que tenían a su alcance.  

Desde entonces, el esfuerzo lo hemos tenido que hacer los hombres y mujeres que, desde niños, hemos aprendido esa doctrina en el catecismo, intentando hablar de Dios, el ser, la esencia, las personas, las naturalezas… y salir airosos del intento, sin suspensos ni castigos. Y, lo que es más grave, creyendo que esa definición era el camino que nos llevaba al misterio de Dios, a comprender claramente su identidad.

A la luz de la fiesta de la Trinidad es importante que nos preguntemos: ¿cuál es la verdad plena?  ¿Cómo la hemos ido percibiendo a lo largo de nuestra vida? ¿Con qué símbolos, gestos y palabras la traducimos hoy?

No nos conformemos con lo que hemos recibido “formulado, atado y bien atado”. Conectemos con nuestra propia experiencia vital y espiritual; con nuestra experiencia personal y comunitaria; con nuestra historia de salvación.

¿Cómo traduciríamos hoy, a través del arte, la imagen clásica de un anciano varón, sentado junto a otro varón más joven, una paloma en el centro y multitud de angelitos sin sexo alrededor?

¿Cómo traducimos y vivimos la experiencia de Jesús que nos invita a llamar “Abbá” al Ser que le ha dado la vida y le envía a comunicarla? ¿Cómo encarnamos su palabra, sus gestos, sus prioridades, para irnos configurando con el Hijo?

¿Cómo conectamos continuamente con el Paráclito que se nos ha dado? Es decir, con  quien nos defiende y nos impulsa. Nos han dicho que es como el viento que nos da vida y nos mueve o como la energía que nos anima. ¿Con que otras imágenes y símbolos lo expresaríamos hoy?

La fiesta de la Trinidad y el evangelio de este domingo nos impulsan a tomar distancia de lo que se ha quedado obsoleto en la dimensión doctrinal para buscar de nuevo el rostro de Dios. Nos invitan a  cuidar la dinámica del vaciamiento, la desapropiación  y la donación para avanzar en la dimensión fraternal y comunitaria.

Si aceptamos la invitación a dejarnos guiar por la Trinidad, encontraremos que el  amor que difumina “lo tuyo” y “lo mío”, crea comunión entre nosotros y con nuestro Dios, nos define y plenifica, da sentido y solidez a nuestra vida, nos hace felices. Nos acercaremos a la verdad de Dios y a nuestra propia verdad.

Hechos a imagen de Dios, la Trinidad nos revela lo más hondo de nosotros mismos, nuestras aspiraciones y deseos, incluso aquellos de los que no somos conscientes, porque nuestra realidad no se agota en nosotros mismos, nos transciende y nos configura con el mismo Dios.     

El evangelio de hoy nos invita a dejarnos conducir por el Espíritu, a vivir la vida como un proceso abierto, con mociones, dones, sequías, nube del no-saber, aventura y pasión.

Lo contrario es quedarnos en nuestra verdad, nuestras pequeñas verdades intocables, que nos dejan cómodamente en nuestra zona de confort, seguros y sin sobresaltos, afianzados en lo que creemos conocer. Desde ahí nos vamos desplazando hacia el inmovilismo, el fanatismo y la descalificación de los demás.

Se nos llama a buscar la verdad plena. ¿Entra dentro de nuestras aspiraciones, como seguidores y seguidoras de Jesús?

No se trata de rompernos la cabeza para entender el misterio de la Trinidad, sino de abrir nuestro corazón y nuestra vida para acoger al Dios que se nos comunica y nos pone en relación con Él y con sus criaturas.

¡Amplia tarea que vale la pena emprender!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza. La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

Dios presente en la alegría (1ª lectura)

Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado, sobre todo, los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo es “sabiduría de Dios” (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristo “se encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento” (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (“gozaba con los hijos de los hombres”) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (2ª lectura)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: “hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado”. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Dios presente en las dudas (evangelio)

El evangelio, tomado de Juan, también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros: “os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará”.

Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

En la situación actual de la Iglesia, con problemas nuevos y de difícil solución, debemos pedir al Espíritu Santo que nos guíe “hasta la verdad plena”.

José Luis Sicre

Documentación:  Liturgia de la Palabra

Documentación:  San Juan de la Cruz: Entreme donde no supe

Documentación:  Sor Isabel de la Trinidad: Elevación

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