Domingo I Adviento

Del Evangelio de Mateo 24, 37-44

Estad tambien vosotros preparados

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

— Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del Hombre.

Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre.

Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.

Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

Estad alerta.

CUATRO LARGAS SEMANAS DE ESPERA

Empezamos cuatro largas semanas de espera. Esperar. ¿Queda alguien que sepa esperar sin desesperar? Vivimos en una sociedad de una inmediatez patológica.

Cuatro largas semanas que llamamos Adviento, del latín adventus: “llegada”. Llegar. Otro verbo al que pedimos datos concretos: día, hora, medio de transporte,  estación, terminal, datos climáticos, coordenadas GPS, equipaje… ¡Así no!

Se supone que estamos esperando a alguien que va a llegar, que se toma su tiempo  dejando que nos preparemos para que no haya confusiones y, como ya pasó hace mucho, muchísimo, tiempo… “cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos”. Nos llegan profetas del consumo, voceros que nos hablan de la magia de este tiempo, frívolos cantamañanas, agoreros inyectando miedos, poderosos asustados de su poder disimulando para que no se les note… y caemos en este circo.

Cuatro largas semanas de Camino, paso a paso, con los pies descalzos sobre un desierto de asfalto y tecnología de la distracción, pero empeñados en estar atentos a tu Palabra.

Palabra que resuena como cada Adviento: “Estad en vela…” poniendo atención silenciosa, mirada contemplativa y expectación sin ansiedad, porque sabemos que lo que esperamos viene sin la premura acaparante del tiempo del mundo.

En estas cuatro largas semanas un suave susurro interior nos espabilará como cada Adviento: “Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre”.

Preparémonos ahondando en el mensaje, que no es una amenaza; es una celebración de Vida, llena de aceptación y de compromiso. Habrá visitas, encuentros, sustos, sueños y alguna que otra sorpresa.

Sólo entenderán los que se preparen desde la sencillez del corazón para recibir lo inexplicable: Dios hecho Niño.

Mari Paz López Santos

REACCIONAR

Los ensayos que conozco sobre el momento actual insisten mucho en las contradicciones de la sociedad contemporánea, en la gravedad de la crisis sociocultural y económica, y en el carácter decadente de estos tiempos.

Sin duda, también hablan de fragmentos de bondad y de belleza, y de gestos de nobleza y generosidad, pero todo ello parece quedar como ocultado por la fuerza del mal, el deterioro de la vida y la injusticia. Al final todo son «profecías de desventuras».

Se olvida, por lo general, un dato enormemente esperanzador. Está creciendo en la conciencia de muchas personas un sentimiento de indignación ante tanta injusticia, degradación y sufrimiento. Son muchos los hombres y mujeres que no se resignan ya a aceptar una sociedad tan poco humana. De su corazón brota un «no» firme a lo inhumano.

Esta resistencia al mal es común a cristianos y agnósticos. Como decía el teólogo holandés E. Schillebeeckx, puede hablarse dentro de la sociedad moderna de «un frente común, de creyentes y no creyentes, de cara a un mundo mejor, de aspecto más humano».

En el fondo de esta reacción hay una búsqueda de algo diferente, un reducto de esperanza, un anhelo de algo que en esta sociedad no se ve cumplido. Es el sentimiento de que podríamos ser más humanos, más felices y más buenos en una sociedad más justa, aunque siempre limitada y precaria.

En este contexto cobra una actualidad particular la llamada de Jesús: «Estad en vela». Son palabras que invitan a despertar y a vivir con más lucidez, sin dejarnos arrastrar y modelar pasivamente por cuanto se impone en esta sociedad.

Tal vez esto es lo primero. Reaccionar y mantener despierta la resistencia y la rebeldía. Atrevernos a ser diferentes. No actuar como todo el mundo. No identificarnos con lo inhumano de esta sociedad. Vivir en contradicción con tanta mediocridad y falta de sensatez. Iniciar la reacción.

Nos han de animar dos convicciones. El hombre no ha perdido su capacidad de ser más humano y de organizar una sociedad más digna. Por otra parte, el Espíritu de Dios sigue actuando en la historia y en el corazón de cada persona.

Es posible cambiar el rumbo equivocado que lleva esta sociedad. Lo que se necesita es que cada vez haya más personas lúcidas que se atrevan a introducir sensatez en medio de tanta locura, sentido moral en medio de tanto vacío ético, calor humano y solidaridad en el interior de tanto pragmatismo sin corazón.

José Antonio Pagola

Publicado en www.gruposdejesus.com

EL LADRÓN QUE ABRE UN BOQUETE EN NUESTRA CASA

Con una metáfora, Jesús lanza una invitación llena de sabiduría: ¡vive con atención para evitar que el ladrón abra un boquete en tu casa!

Ante tal aviso, lo primero que surge es preguntarnos: ¿de qué ladrón habla?, ¿quién es ese “ladrón”?

La enseñanza religiosa lo ha personificado en la figura del demonio, del que en la carta de Pedro se dice que “anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pe 5,8). Se trata de una lectura mítica, que es necesario leer en clave simbólica. La idea de un demonio “personal” que estaría empeñado en frustrar el “plan de Dios” es solo otro mito más.

Tal vez, el modo más sencillo para identificar al ladrón del que aquí se habla pase por preguntarnos cuál es el “boquete” que puede abrir en nuestra casa (o persona).

Un boquete se abre para penetrar en la casa, ocuparla y sustraer todo lo que hay de valor en ella. Pues bien, aquello que puede robar nuestro tesoro (desconectar de nuestra identidad) y hacernos vivir alienados de nosotros mismos, en la oscuridad, la confusión y el sufrimiento no es otra cosa que la ignorancia. La ignorancia es el ladrón.

La ignorancia no tiene que ver con la falta de instrucción o de erudición -siempre ha habido personas analfabetas profundamente sabias-, sino que se refiere a una cuestión absolutamente nuclear: desconocer y vivir alejados de lo que somos.  

La invitación de Jesús, así entendida, coincide plenamente con la que siempre han propuesto las personas sabias: vivir con sabiduría, vivir en la comprensión. Si la ignorancia es el desconocimiento de lo que somos -que lleva a vivir en la confusión y el sufrimiento-, la comprensión nos lleva a reconocernos en nuestra verdad profunda, es decir, nos trae a “casa”.

La ignorancia abre un boquete en nuestra persona por donde sentimos que se nos escapa la vida. La comprensión ilumina nuestra persona, posibilitando una existencia llena de paz, ecuanimidad, gusto, sentido, plenitud…

Para hacer frente al “ladrón” y favorecer la comprensión liberadora, es necesario -como señala el texto- “estar en vela”, es decir, alimentar algunos cuidados prioritarios: el amor a sí mismo/a frente a la distancia o el auto-reproche, la atención frente a la mente pensante y cavilosa, el silencio de la mente y del ego, el amor y deseo de bien para todos los seres, la aceptación profunda y la gratitud ante todo lo que la vida nos trae… Estos cuidados preparan el camino a la comprensión y mantienen a salvo la “casa”.

¿Puedo decir que vivo con atención? ¿Qué cuido prioritariamente?

Enrique Martínez Lozano

(Boletín semanal)

Documentación:  Liturgia de la Palabra

Documentación:  Meditación: Adviento

Documentación:  A modo de salmo: Así es el Adviento que necesitamos

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