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ERMITAÑA DESDE MI COMUNIDAD

Puntos sueltos para pensar y orar… Así despierta la naturaleza en primavera. “La naturaleza me daba su ósculo de paz y anunciaba aquella gran calma que no se halla sino en el seno de los montes solitarios” (M. Rel. 954, 6).

Así despierta la naturaleza en primavera en este lugar palautiano, todo está brotando, es un espectáculo de color. Me pongo en plan receptivo, y me llega el canto de los pájaros y la luz del alba, la salida del sol aporta energía a todo lo que nos rodea. “El mirlo solitario sobre las peñas, llegada la bella estación de la primavera, desde las cúspides elevadas del monte llama la atención, para ensalzar con su dulce melodía las glorias de una ave solitaria” (M. Rel. 978,36). La magia se hace presente en el momento que descubres el estallido de vida. Es bueno rodearnos de árboles, respirar oxígeno de calidad, nos proporciona paz, serenidad… Contemplar el paisaje, sentir el viento, escuchar la caída del agua…, nos recupera por “dentro”, entramos en una gran calma interior. Todos tenemos experiencia que el bullicio de gran ciudad, consume nuestra atención, dejándonos cansancio. Dar un paseo solitario y silencioso por la naturaleza, es encontrar la desconexión digital a la que tanto nos cuesta dejar

. Es muy importante buscar ese retiro físico y espiritual para reconectar con nosotros mismos y sentir el abrazo de Dios que nos recupera para un mejor compromiso con los que nos necesitan. Dentro de una serenidad, intentemos estar cerca del sufrimiento de los más vulnerables, medirnos con ésta realidad no solo significa ofrecer palabras, sino lanzarnos solidariamente a aliviar casos concretos. Adentrarnos en la realidad que nos rodea, en el drama de los pobres nos llevará a curar heridas, dando ánimo y esperanza.  La clave está en encontrar un momento sin presiones; intentando desconectar cada día un rato, de todo aquello que te agobia, desconecta tu móvil, descuelga tus auriculares, música… El silencio sana y nutre, especialmente cuando lo sentimos en nuestro interior. Experimentar el silencio cambia la percepción de las cosas y de uno mismo.

Seguro que te has dado cuenta que nos pasamos el día hablando, aunque estemos solos. Nos urge apreciar el silencio para saber escuchar, ahí tenemos una gran misión. La oración nos enseña a silenciarnos y abandonarnos, nos dispone a escuchar y reconfortar al otro; Por Carisma somos sanadoras. “Yo estaba mirando el gran panorama que desde lo más sublime de los montes presenta la naturaleza al despedirse de ella el astro que la ilumina y vivifica. Adiós, decían todas las criaturas y yo escuchaba; estaba en silencio. (M. Rel. 910, 3).

Te invito a unos días de silencio y contemplación, que llene de energía tu vida y crezca tu enfoque solidario. Todo éste dinamismo nos lleva a vivir en plenitud. Lánzate a emprender éste viaje interior. ¡Ánimo!!!   

                                                                     Francisca Mª Esquius C.M       

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