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ERMITAÑA URBANA DESDE MI COMUNIDAD

SINODALIDAD – CARISMA III

La comunión es para la misión, nos dice el P. Palau; caminar juntos es la forma más clara de testimoniar y poner en práctica la naturaleza de la Iglesia como pueblo de Dios peregrino y misionero.

La misma Iglesia, contemplando su belleza, es la que le lanza al servicio, a la entrega, a descubrir las necesidades de los hermanos. Por eso, la contemplación en Francisco Palau se hace urgencia, pasión y servicio incansable. Y así lo aconseja: “Mírale en este cuerpo que es su Iglesia, llagado y crucificado. indigente, perseguido, despreciado y burlado. Y bajo esta consideración, ofrécete a cuidarle y prestarle aquellos servicios que estén en tu mano” (Ct. 42, 2).

Tanto la oración como sus obras apostólicas estuvieron motivadas por el mismo ideal de servir a la Iglesia en los hermanos necesitados espiritual y materialmente. Amor a la Iglesia y servicio eclesial se identifican en el carisma palautiano. La unidad de vida no estuvo en la alternancia de actos, contemplación y misión, sino en el amor que da sentido de comunión a todo lo que realiza.

Su vida fue fecundísima en favor de la Iglesia y de la humanidad porque hubo la unión íntima con Dios, según distintas manifestaciones apostólicas en diferentes circunstancias: fundador, catequista, director, predicador, exorcista, sanador, escritor, misionero… Es el esposo enamorado, entregado incondicionalmente al servicio de la Iglesia.

Abarca cualquier actividad que emprende a favor de Ella: misiones populares, viajes, encuentros… “¿Crees que es olvidarme tomar cuidado e interés en el ganado confiado a mi amor? Obras son amores y no buenas razones” (M. Rel. 19, 11).

La Iglesia que ama es la Iglesia real necesitada de servicio. Es contemplando a la Iglesia al Cristo Místico o Cristo Total, que escucha la llamada a la Misión. “¿Eres tú la Iglesia romana? ¿Aún no me conoces? Vete, predica el Evangelio, lanza los demonios y cura los enfermos; yo vendré y estaré contigo. ¿Conmigo?  Sí, yo soy el pueblo reunido bajo Cristo mi Cabeza” (M. Rel. 12, 2).

La unión con Dios se encamina al bien de los prójimos. Dios y los prójimos son el único objeto de su amor. Dios vive junto al cuerpo moral por el amor. Y produce frutos maduros porque la voluntad de Dios está unida a la suya. “Esta unión diviniza el corazón y se labra, robustece y crece toda la vida con actos de fe, esperanza y caridad, acompañados de las obras y acciones exteriores que sean ordenadas por Dios… Esta unión produce la segunda y es el amor a los prójimos… Unida el alma con Dios por amor obra en el alma el amor a los prójimos… ese amor ordenado produce con suavidad frutos maduros y dulces” (Ct. 37, 2-3). En el Evangelio de Juan 21, 15

Jesús interroga a Pedro  “.¿Pedro me amas?”. El Señor interroga a Pedro sobre el amor sin límites, ni condiciones. Le interroga tres veces, como tres fueron las negaciones en la Pasión. Así muestra a Pedro su debilidad y su necesidad de conversión, entendiendo que el ministerio que le confía es fruto del amor de la gracia.

La experiencia mística de Francisco Palau sobre este texto bíblico en clave de Iglesia es una visión de fe en el monte. La Iglesia, como Jesús a Pedro, representando a toda la congregación de los santos, o sea la iglesia triunfante. le pregunta: “¿Amas a la Iglesia? Vos sabéis que la amo. Por segunda vez, ¿la amas? Vos lo sabéis, tal cual soy, tal cual me veis aquí, vivo y viviré por ella, vivo y moriré por ella. Y por tercera vez, ¿la amas? Vos señora conocéis mi corazón, ¿puedo hacer algo más por la Iglesia? Sí, yo amo a la Iglesia. Porque te amo busco en los servicios ocasión de complacerte”  (M. Rel. 1, 29). “Mi vida es lo menos que puedo ofrecerte en correspondencia a tu amor. La pasión del amor que me devora hallará en ti su pábulo, porque eres tan bella como Dios… porque te amo dispón de mi vida, de mi salud y reposo y de cuanto soy y tengo” (M. Rel. III, 2).

El enmarque no es teórico, está en el contexto de una vivencia mística, en la cima del monte en el Vedrá.

La Iglesia le ha llamado: “Levántate dijo una voz con fuerza. y me levanté al rayar la aurora y rompieron las músicas sus melodiosos sonidos y todo el monte estaba de fiesta” (M. Rel. 1, 18).

Las obras, es el fruto de la mutua entrega de amor del P. Palau y de la Iglesia, después de consumado el matrimonio. “Puesto que  nuestro enlace espiritual es ya un hecho consumado, ya no hay que insistir en materia de amores: tú me amas, Yo te amo y el amor es obras”  (M.Rel. 1, 19).

Continuará…                                                                         

                                                                  Francisca Mª Esquius C.M.

     

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