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ERMITAÑA URBANA DESDE MI COMUNIDAD

SINODALIDAD – CARISMA V

El camino sinodal es inclusivo. Un camino de comunión sin exclusión ninguna.

En las revelaciones místicas sobre la Iglesia que tiene Francisco Palau, siempre es una voz femenina que se le manifiesta y no tiene escrúpulos en manifestarlo y comunicarlo.

El Papa Francisco se ha manifestado en ésta línea: “La Iglesia es mujer. Si no sabemos comprender qué es una mujer, qué es la teología de una mujer, nunca entenderemos qué es la Iglesia. Uno de los grandes pecados que hemos cometido es “masculinizar” a la Iglesia” (Reunión con la Comisión Teológica Internacional, 30/11/2023).

La Iglesia es femenina, es esposa de Jesús y madre del hijo de Dios.

El amor de la Iglesia es maternal de la que María es su mejor representación, aun en las dificultades, puesto que el camino sinodal no es un paseo glorioso, sino que es aceptar que en el camino hay dificultades y tropiezos, y ahí es donde hay que escuchar aquello que el Espíritu dice, donde se ve el deseo de Dios para cada uno.

“Cuando tu corazón esté abatido por el peso de tus miserias y tu entendimiento oscurecido por las tinieblas de la vida, yo vendré para renovar nuestro contrato de amor. María, Madre de Dios, tipo perfecto y acabado de la Iglesia universal, viene después de mí a tu corazón ya dispuesto para tratar no asuntos de amor, sino de los intereses que miran al bien universal de la misma Iglesia” (M. Rel. 9, 11).

El P. Palau une en su experiencia espiritual la Iglesia como misterio de comunión y la mujer como símbolo y expresión de su vivencia eclesial. Es una forma muy peculiar suya especialmente la figura femenina.

Bajo el símbolo de la mujer se plasma una Iglesia misterio de comunión y pueblo de Dios, cuya esencia es el ser relacional, a imagen de Dios trino y uno, expresando de este modo el misterio de comunión desde el ser femenino, y especialmente María, con los calificativos de belleza u juventud, atractiva, llena de dones y de esperanza:

“Entre otras figuras, la de una mujer nos describe las relaciones entre Cristo y los santos, entre Cristo y su Iglesia. De entre todas las mujeres, María Madre de Dios es el tipo más vivo, perfecto y acabado de ella” (M. Rel. 11, 14).

Cuando pensemos en María no la cataloguemos en la imagen de la mujer obediente y silenciosa, sino en la mujer fuerte que interviene en el propio proceso interior de fe de cada creyente, mujer valiente que afronta las adversidades con gran fe y confianza en Dios.

Es un planteamiento nuevo en la eclesiología y en la búsqueda del lugar de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.

Es imprescindible acudir a la Sagrada Escritura, fundamento de la experiencia palautiana y de su formulación eclesiológica a través de las imágenes bíblicas. “Sara, Rebeca, Raquel y Lía, Ester, Judit, Débora, éstas y las demás mujeres de que nos hablan los libros del Antiguo Testamento no pueden representarla en toda la fuerza de la figura, porque su historia nos la pinta imperfecta. Pero María siendo una mujer perfecta, sí nos la puede figurar” (M. Rel. 11, 14).

El P. Palau más que definir la Iglesia, lo que hace es describirla, se goza con ella, la ama, la padece.

El misterio de la Iglesia, se le descubre, no podía ser de otra manera bajo la figura de la mujer, utilizando como símbolo base la amistad y los desposorios, él es el esposo o la persona, y la esposa es la Iglesia.

La imagen bíblica de la mujer que mejor representa el camino sinodal es Raquel, la joven y bella pastora, de lindo semblante que cuida el rebaño de su padre Labán en el monte. Vive entregada a su cuidado. “Advertí tener por compañera de mis viajes una belleza indescriptible… Raquel, la hermosa hija de Labán estaba en medio de los bosques por donde me hallaba y la rodeaba el ganado de su padre; traía en sus manos un báculo pastoril… Yo no te dejaré en adelante estar solo, me dijo con mucho amor .¿Cuando me veas solo estarás conmigo? Sí, y también cuando estés en compañía porque yo soy los prójimos unidos entre sí por amor bajo Cristo mi Cabeza” (M. Rel. 7, 1).

No podemos encontrar el lugar de la mujer en la Iglesia sin verla reflejada en el corazón eclesial de mujer-madre. Este es el puesto de la mujer en la Iglesia, el gran lugar del que derivan otros más concretos.

La Iglesia es madre y la Iglesia es mujer. 

Las madres dan la vida y las mujeres conservan el mundo, y Dios tomó la humanidad de una mujer, no de un ángel, sino de una mujer. (Papa Francisco).

Así la sentía el P. Palau:

“Sois madre y la más tierna de las madres… no ha habido ni hay ni habrá jamás en el mundo otra madre que os iguale y que mire con tanta ternura a sus hijos como Vos miráis a los cristianos” (Lucha, 140, 21-22).

Cada una de las mujeres que elige es una metáfora eclesial y en ellas experimenta con más fuerza un aspecto del misterio eclesial comunicado a través de cada una y en su conjunto.

Pero, de todas ellas, solamente María, Madre de Dios es el ser más vivo, perfecto y acabado que representa a la Iglesia, una mujer perfecta, ideal, bella, siempre joven, afectuosa, viva, ágil, en cuyo corazón el amor divino reside.

Te invito a leer: M. Rel. 9, 37-39; M. Rel. 1, 4; M. Rel. 22, 23; M. Rel. 11, 21.

*Seguirá…

                                                                         Francisca Mª  Esquius C.M.

     

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