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Ermitaña urbana desde mi comunidad

Vacaciones de verano: descanso, apertura al Espíritu…

La vida eremítica urbana nos invita a vivir en positivo el orden en el espacio y el tiempo, es una dimensión muy necesaria en nuestra vida actual. El fin del confinamiento nos mostró que no sabemos vivir la quietud, la inactividad. Nuestra cabeza está muy acostumbrada a producir, a resolver, a anticipar, pero no a la suspensión de nuestras rutinas cotidianas. El espacio se encogió y el tiempo se alargó, procurándonos una experiencia nada en consonancia con nuestro habitual ritmo trepidante. La vida eremítica, en cambio, transita durante su jornada por espacios y tiempos diferentes, que le permiten acompasar su alma al ritmo de Dios. Incluso en el silencio de su habitación le procura nuevos paisajes y una estrecha relación con un tiempo dilatado que impregna el corazón del orante y abre los ojos y el oído para captar y acoger gritos de las urgencias. Seguimos apoyando desde la comunidad a instituciones que trabajan en directo por los refugiados, desplazados, personas que se encuentran en situaciones difíciles debido a la guerra de Ucrania, se está creando una corriente de gran solidaridad, los grupos que acompañamos en nuestra Comunidad Cristiana se están implicando muy en directo.

Estamos en tiempo de vacaciones de verano que nos lleva hacer un alto en el camino y pasar lo vivido por el corazón, una mirada silenciosa y esperanzada. Buscar un lugar para el descanso refrescante y renovación espiritual. Tiempo para acercarnos a la naturaleza y respirar aire puro. Y en fraternidad poder coger con calma el Proyecto Comunitario, después de la Visita Pastoral del Consejo General (con ambiente sinodal), dialogar y compartir sin prisas, disfrutar de la convivencia fraterna de una manera serena y constructiva. Acogiendo con cariño a la gente que visita este lugar palautiano.

Es una paradoja hablar de vacaciones  en estos tiempos de crisis económica cuando son tantos los que están en el paro, falta de paz, o por diversas razones no pueden salir de su ambiente ordinario. Dentro de nuestras posibilidades, nos disponemos a aliviar situaciones de vulnerabilidad.

En este verano nos abrimos en ambiente de oración acogiendo el mensaje de Francisco Palau:

“Pues bien, en este verano en la oración en el monte se ha de revisar toda tu vida y mirarás si en tus acciones hay algo que me desplazca, y lo quitarás; a quitar de ti todo cuanto sea disforme a mi voluntad han de estar ordenadas tus fuerzas todas” (M. Rel. 842, 24)

“Yo ya pienso que tú en la oración no dejas de suplicar con insistencia al Señor para que manifieste cuál sea su voluntad soberana. Persevera hasta ser oída. Aprendamos en tiempo de necesidad a confiar en Dios, a fiarnos de Él, a esperar en su paternal protección, y no temas nos abandone; no desoye a quien le invoca y le busca de buen corazón. Dios sólo conoce los destinos del hombre y los caminos por donde puede marchar…” (Carta 46, 3)    

Virgen del Carmen Orante y Misionera,

 regálanos un poco de ese don:

crecer en nuestro ser de Carmelitas,

vivir apasionadas la Misión.   

Francisca Mª Esquius C.M 

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