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Hna. Marina Clarasó Salat

“…Aquí estoy, ¡oh Dios! para hacer tu voluntad”. (Hb, 10,7)

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Como Iglesia y como Familia, vamos acogiendo, en comunión y esperanza el paso a la Vida de nuestras Hermanas. El día 25 de marzo, fiesta de la Anunciación del Señor, nos han dejado nuestras queridas Hermanas MARINA CLARASÓ SALAT y TERESA ESTEBAN PARRILLA. Sí, es un día de dolor, pero también  de una confianza grande en Aquel que es la Resurrección y la Vida. Nos alienta el saber que “si morimos con  El  viviremos con El…”   Esta es nuestra esperanza. 

 

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Hna. Marina Clarasó ha fallecido a los 94 años de edad y 75 de Vida Consagrada, en la comunidad de la Casa Madre, de Barcelona. Nació en Santa Coloma de Queralt (Barcelona), el 19 de febrero de 1926. Ingresó, como postulante, en el Carmelo Misionero en el año 1944 y profesó en el noviciado de Pamplona el 30 de agosto de 1945.

 Al recordar a hermana Marina, revivimos su trayectoria vocacional y apostólica, realizada siempre con mucha generosidad, alegría y responsabilidad en distintos servicios de nuestros Colegios y comunidades. Formó parte de varias comunidades, casi siempre en la Provincia de Barcelona aunque también estuvo destinada durante algún tiempo en la cdad. “San Francisco Javier” de Pamplona.

El 31 de mayo de 2014, con la salud ya muy debilitada, hermana Marina llega a la comunidad de “Santa Teresa”, Casa Madre, de Barcelona, donde siguió entregada con sencillez y dentro de sus posibilidades, al servicio y colaboración comunitaria.  Es aquí donde el Señor de la Vida la invita a celebrar el Banquete eterno en el reino de la Paz.

 

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Hermana Marina se destacaba por su sencillez, su gran sentido de gratitud ante cualquier servicio recibido. Atenta, delicada, muy ordenada y responsable, en particular en  los servicios que se le encomendaban; destacamos su trabajo eficiente como secretaria en los Colegios; Se interesaba siempre por las necesidades de las hermanas y realizaba con responsabilidad y esmero los servicios que la Congregación le solicitaba. Mujer de fe profunda, vivía con gozo su pertenencia a la Familia del Carmelo Misionero. Era muy amante del silencio y de la oración, que gustaba ofrecer cada día  por la Iglesia y la Congregación.

 

 

 

Gracias Marina por el testimonio de tu vida entregada con gozo en las manos del Señor. Intercede ante el Padre Bueno y Nuestra Madre del Carmen por la Iglesia y por el Carmelo Misionero para que, como mujeres consagradas, crezcamos en comunión y esperanza. Nuestra fe nos confirma que estás ya compartiendo con todos los elegidos el Banquete del Reino. Damos gracias a Dios por tu vida y por haberte tenido como HERMANA.

 

Madrid, 27 de marzo, 2020

 

Hna. Carmen Ibáñez Porcel

 



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