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¡Que yo te busque, Señor, invocándote…!

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  “y que te invoque creyendo en ti” (S. Agustín)      

Todo iba bien para Francisco en el seminario: Estudios, exámenes, profesores, compañeros, piedad… Sólo su corazón  bullía en ansias de amor, con  trepidante ímpetu, por llegar a descubrir el  Absoluto de su vida.

Había superado con normalidad los estudios: tres años de latín, tres de filosofía y uno de teología. Contaba Francisco, 21 años de edad cuando, sorprendentemente, decide dar nuevo rumbo a su existencia: búsqueda de nuevo camino en su vida. “A los 21 años de edad, al desprenderse el corazón de los objetos extraños al verdadero amor… impulsado por el amor, buscaba mi ‘cosa amada’ en Dios: más ¡ay! Yo no la conocía, y ella no se revelaba” MR 10,

Como toda  persona, Francisco trató de encontrar su propio camino. Todos los caminos, son sólo caminos;  hay muchos  por detectar, pero uno sólo  a seguir. Lo importante es constatar que el elegido, libre del miedo y de la ambición, llena  totalmente la tendencia  anhelante del propio ser.

“Yo, joven, amaba con todas mis fuerzas, porque la ley de la naturaleza me impulsaba con ímpetu irresistible. ¡Qué amaba yo? ¿Quién era la cosa amada? Si tu Amada es una deidad y la has visto en el claustro, vete enhorabuena al claustro y cásate con ella”  MR  I, 2

Es muy probable que en la elección de Francisco al Carmelo Teresiano influyera la presencia austera y serena de Carmelitas Descalzos entre los profesores que formaban las mesas examinadoras del seminario. Poseemos el testimonio de José Padró,  que en su biografía manuscrita, se refiere a este acto de discernimiento: “Estando en buena disposición para recibir  las Órdenes sagradas, determinó entrar en religión. Le parecía que debía entrar en la de los Carmelitas Descalzos; no obstante, en negocio de tanta monta e importancia, no quiso proceder con ligereza. Hizo mucha oración para explorar de Dios su voluntad, dedicando a S. Elías una novena. El último día de la novena quiso el Cielo tranquilizarle, señalándole la Orden a que quería perteneciese, lo cual hizo de un modo muy claro, pues San Elías extendióle su capa y le cobijó en ella. Con tan visible señal no titubeó un momento en dirigirse al Monte deseado a la sombra del Carmelo. Se hizo, pues, Carmelita Descalzo después de haber vencido muchas dificultades, ya de parte del Sr. Rector del seminario ya también de sus padres, pues unos y otros se opusieron a sus intentos. Mas estuvo de su parte la victoria, pues supo despreciar los empleos honoríficos con que querían condecorarle, los catedráticos del seminario”. Positio 34

Francisco, meditada su decisión y comunicada a sus superiores, renunció a la beca otorgada. Para que conste, lo firmo en Lérida a 30 de octubre de 1832.  Lic. Manuel Costa, Rector y Florencio Bistuer, Secretario

                                    M. Consuelo Orella  cm



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