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Francisco, ¿Qué es el Carmelo?

         “Yo no digo si vivir en el Carmelo es costoso, si la muerte en él es deliciosa; sino, si es agradable vivir en el Carmen, todavía es mejor morir en él” (Santa Teresa del Niño Jesús).

         “Fuera del sacerdocio, no veo nada más santo en la tierra como la vocación carmelitana” (Beata Isabel de la Trinidad). 

         “Siempre tuve la convicción de que el Señor me tenía preparado algo que sólo allí, en el Carmelo, podría encontrar” (Edith Stein). 

       Mientras Francisco, gozaba de la alta realidad de ser Carmelita Teresiano, recordaba  orante y agradecido,  la historia personal de los santos Reformadores del Carmelo que tuvieron el coraje de optar por decisiones  fundamentales para alcanzar la vocación a la que se sentían llamados. Ellos, también, haciendo y recreando, día a día, su vocación, centrados en la esencialidad del amor que subyace en todo llamado, no se dejaron condicionar por situaciones adversas, decidieron seguir el llamado interior que les marcaba  nuevo derrotero en su vida. Orientados por luz divina,  tuvieron  el coraje de llevarlo a cabo, a pesar  de los obstáculos que se interpusieron en su camino.  

         Años más tarde, cuando en el calendario vital se habían arrancado varias hojas de existencia, Francisco, renovaba sus votos, una y mil veces, con fórmulas, menos jurídicas, pero conteniendo la  ofrenda total  de su ser,  sin reserva alguna, a Dios.

         “Yo ya no soy mío, soy cosa tuya, y tú cuidarás de mí como cosa que te pertenece. Yo te doy lo que soy, lo que tengo y quiero y cuanto puedo tener. Yo me doy a ti, oh Iglesia santa, en amor, obediencia, castidad, y pobreza, en fe y esperanza… tal cual soy me doy a ti, hazme tu casto, santo y perfecto, y lo seré… y si no te doy más es porque ni soy ni tengo” MR 2,7

         Tampoco  podía  soñar, en esos momentos, que años después, sus hijas, las Carmelitas Misioneras, formularían con sus labios y corazón, aquellas mismas palabras  de consagración a Dios.  ¡Cómo le hubiera impresionado escuchar:  ‘Hazme tú, casta, pobre y obediente y lo seré. Unida a todas las Carmelitas Misioneras, me comprometo a perseverar en mi vocación, viviendo la consagración religiosa en el gozo de la comunidad fraterna y en el servicio de la Iglesia’.

         Como despertando de un elevado éxtasis, Francisco se encontraba con la realidad de ser verdadero profeso Carmelita Descalzo, dispuesto a comenzar el nuevo período de vida que le identificaba, cada vez más hondamente, con el espíritu del Carmelo Teresiano.

                                      Mª Consuelo Orella  cm   

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