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Me comprometí con votos solemnes

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A un estado de vida, cuyas reglas

creía poder practicar hasta la muerte” Fco. Palau 

         Optar por el seguimiento de Cristo implica haber descubierto, o al menos intuido claramente, que existe un amor por el cual vale la pena renunciar incluso al amor matrimonial. Es una decisión que arranca desde la libertad y el amor, apoyada en la fidelidad inquebrantable de Dios. 

                Optar por el seguimiento de Cristo, es descubrir otra forma de amar y de realizarse: entrega radical  a Dios.  Es ampliar indefinidamente el círculo del amor y vivir una verdadera libertad interior que permite ofrecer la propia existencia  por los hombres. Es dar la mano a todos, sin retener ninguna; entregar el corazón, sin apropiarse de ninguno. Francisco intuía así  la consagración  a Dios: 

          “Jesucristo  ha querido que su Esposa, la Iglesia, tuviera sobre la tierra amantes consagrados a su amor y servicio, y siendo inmortal, imperecedera, tan bella y hermosa cual es capaz de concebir nuestro entendimiento ¿Qué mucho que un joven que ha tenido la ventura y la suerte de conocerla, abandone todos los amores del siglo y consagre su vida y existencia al servicio del objeto de amor marcado al corazón humano por la ley  ‘amarás’ ?” Igl 6 

         Optar por Cristo es fiarse de  Él, sin otra garantía que Él mismo. Creer en Él con fe total, sin  haberle visto; es un salto en el vacío que, en última instancia, es salto en plenitud, o en expresión de Isabel de la Trinidad, llegar a ser ‘como otra humanidad suya: una humanidad suplementaria’  

         Optar por Cristo es compartir su misión: prolongar y perpetuar en el mundo, mediante un estilo original de vida y a través de múltiples servicios de amor a los hombres, su misma esencial misión evangelizadora, teniendo presente  que la vida religiosa en sí misma y en su conjunto, constituye el modo específico de evangelizar propio del religioso. 

         Ya desde los inicios mismos de su vida carmelitana, Francisco tuvo siempre presente  la exigencia  de su consagración a Dios en el Carmelo, en la  misión del gran profeta  Elías: “Despliega las armas del Monte santo del Carmelo para que se acojan a su protección los que están escogidos para hijos del gran profeta Elías, dirígelos en los desiertos, preparándolos para recibir el espíritu doble de este santo Profeta” MR 8, 29  

          Y es que todo miembro Carmelitano lleva en su alma una nostalgia de infinitud, vivida en ‘soledad sonora’: Nacido en un monte, al monte desea volver, una vez acabadas las tareas apostólicas del día. Expresiones que recuerdan las palabras de  Teresa de Jesús: “Pongan siempre los ojos en la casta de donde venimos, de aquellos santos profetas.  ¡Qué de santos tenemos en el cielo que trajeron este hábito!”   Y estas de San Juan de la Cruz ‘solo mora en este monte la gloria y honra de Dios’

         Testimonios que nos obligan a interiorizar y responder con fidelidad, a la inmensa riqueza espiritual del Carmelo.  Resumiendo en el pensamiento de K. Rahner todo el contenido carmelitano: “Una orden rica no puede tener miembros pobres”. Aquí radica, por tanto, nuestra grandeza y nuestra responsabilidad personal. ‘Al Carmelo corresponde conservar la sal de la tierra’ Teresa  N.J.

                                      Maria Consuelo Orella  cm     



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