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Fiel hasta la muerte

Recordando a Juana Gratias

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Entre los diversos sentimientos que la gozosa Nochebuena brota  en el espíritu de toda Carmelita Misionera, es el recuerdo de nuestra admirada hermana Juana Gratias, que en fecha, tan memorable, culminó su etapa terrena, para comenzar a gozar la paz bienaventurada.

Diciembre, mes que conmemoramos el comienzo de la vida de Francisco y la muerte  de Juana, su  incondicional hija fiel.

Vidas paralelas. Ambas, discurrieron bajo el signo de la contradicción. Prescindiendo de lo que atañe al temperamento y peculiar personalidad de cada uno, la trayectoria vital de ambos, ofrece paralelismos manifiestos en el devenir humano.

Desde el comienzo de la lucha por el esclarecimiento de su vocación, Juana, hizo posible la consigna que, con el correr de los años le manifestara el Fundador; “unida tú por vocación y disposición divina a mi carro, nada más te resta que hacer, sino seguir, Dios nos salvará”. Así fue: siempre dispuesta a secundar los designios de Dios, sometió, su propio juicio al del Fundador en pruebas heroicas de fidelidad y lealtad, respondiendo con generosidad ilimitada y  paciencia inacabable.

Nadie intimó tanto con el Fundador como Juana Gratias. Heredera natural de su espíritu y de su carisma,  quedó impregnada de esta riqueza espiritual, asimilándola hasta en los detalles más insignificantes. Consumió sus mejores energías en mantener y transmitir vivo y operante el legado espiritual y material de su padre y maestro. Lo sacrificó todo a este ideal, incluso, hasta aceptar, alejarse, dolorosamente, de  la familia comunitaria, alumbrada e iniciada por Francisco y prolongada, mantenida y acrecentada por Juana, a través de renuncias y sacrificios indefinibles.

Asumió con paz y serenidad, el final de su vida, consumida en años y dolencias, viviendo, hasta  la muerte, en  pobreza y soledad humana, extremas, difícil  de imaginar y arduo en sobrellevar, sin disponer siquiera de un trozo de tierra para reposar sus huesos, aceptando, con  humilde agradecimiento, la generosidad de un apiadado francés, que se ofreció a costearle un funeral de segunda clase, como si de su madre se tratara. Todo, por su ideal de  permanecer fiel hasta la muerte. CM-Historia

        

                                               Maria Consuelo Orella cm



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