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Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

- Zaqueo baja, que quiero hospedarme en tu casa

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En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era de baja estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:

― Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.

El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban diciendo:

― Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: 

― Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

Jesús le contestó:

― Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

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TU AMOR NOS HACE DESCENDER

El Evangelio es claro y directo. Como a Zaqueo, Jesús nos llama hoy a que no nos andemos por las ramas, que bajemos a lo concreto de la realidad, de trabajar por la justicia, de ser personas con corazón que reconocen sus errores y desean un cambio de verdad. Sabemos esta verdad: “Tu amor me hace descender y crecer: Conviérteme”.

¡No nos andemos por las ramas! Jesús no se cansa de invitarnos a bajar de esas ramas en las que nos instalamos y no nos dejan sacar lo mejor de nosotros mismos. ¿Cuáles son esas ramas? ¿Cómo bajar y acceder al Señor? ¿Cómo ser más nosotros mismos?

Zaqueo bajó, cambió de vida y fue feliz. ¿Seremos tan valientes nosotros como el pequeño nuevo discípulo?

Fernando Cordero ss.cc.

 

ZAQUEO: HOY HA SIDO LA SALVACIÓN DE ESTA CASA

Estamos ya cerca de Jerusalén, en Jericó. En el evangelio de Lucas, este viaje a Jerusalén es un itinerario de formación, que Jesús da a sus discípulos, para la misión que les va a encomendar.  La lección de hoy es genial.  Nos presenta a Zaqueo como modelo, prototipo o ideal para los que quieran ser seguidores de Jesús. El aprendizaje que se espera en esta clase: El encuentro con Jesús puede transformar tu vida si lo buscas con empeño. Ensaya ser Zaqueo. Merece la pena.

Lc, en este relato, lleva muy bien la secuencia del texto. Todos están pendientes de lo que va a suceder. Zaqueo quiere conocer a Jesús y es bajo de estatura. Se sube, sin apuros, a un sicomoro para ver a Jesús que va a pasar por allí. No le importa nada si alguien ve aquello como un poco ridículo y comprometido. Un hombre importante y rico, un súper-publicano, la gente de Jericó le conoce, subido en un árbol grande para ver a Jesús.  Nada le importa todo esto con tal de lograr su objetivo: conocer a Jesús.

Al pasar junto al sicomoro, Jesús levanta la vista, también Jesús quiere conocer a Zaqueo:  ¡Zaqueo baja, que quiero que me invites a tu casa! Jesús se autoinvita. Dos miradas que se encuentran. Dos buscadores que se descubren. El salto que debió dar Zaqueo nos lo imaginamos. ¡¡Claro!!¡¡ Vamos a casa!! Está contento como unas pascuas.  Contraste: Zaqueo es rico y feliz, el joven rico del encuentro con Jesús se va triste porque era rico. Dos tipos de ricos que buscan y se encuentran con Jesús pero con resultados diferentes. Esto da que pensar. A un rico, el joven, la riqueza le esclaviza, le  aplasta y al otro, Zaqueo, la riqueza le salva. Al acabar el comentario veremos cómo y por qué.

La conversación durante la comida debió ser de lo más interesante. Los fariseos presentes murmuran: ¡¡Ha entrado en casa de un pecador y está comiendo con él!! Y Zaqueo, borracho de alegría, tira la casa por la ventana: Doy la mitad de mis bienes para los necesitados y a quien haya robado le repararé en cuatro veces. A eso Jesús llama salvación: ¡¡Hoy ha sido la salvación de esta casa!!

¡Acabáramos! ésta es la clave. Zaqueo había intuido que acercarse a Jesús le convenía. Aunque era rico e importante en la ciudad, sabía que el dinero no da la felicidad ni la plenitud.  Y en el encuentro con Jesús descubre dónde está su felicidad. El encuentro con Jesús está llenado su vida, dándole un nuevo rumbo y sentido. Está transformado su vida. A Zaqueo le han salido muy bien las cuentas. Ha conseguido más de lo que buscaba. No esperaba tanto. No sabía lo que le espera detrás de ese encuentro. De ahí su respuesta tan inesperada, tan generosa. Se desprende de lo que era y tenía a cambio de un tesoro no perecedero. Ha encontrado la perla que como buen comerciante no se la deja arrebatar. Hay que felicitar a Zaqueo. ¡¡Hoy ha llegado la salvación a esta casa!! Verdaderamente la enseñanza ha sido muy bien impartida. Y el aprendizaje de Zaqueo sobresaliente.

Veamos ahora lo que tenemos que aprender nosotros. Situémonos como zaqueos, trasplantados a nuestro contexto social y religioso. Como Zaqueo somos ricos insatisfechos. Como Zaqueo somos buscadores de plenitud y sentido, anhelamos como él, no sabemos qué. Jesús lo llama salvación. El evangelio de Lucas cierra el relato de hoy con estas palabras: “Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.  Como Zaqueo nos sentimos buscadores y buscados  y estamos encontrados entre los perdidos, nos sabemos salvados y salvadores.

De la lectura de hoy hemos aprendido que también nosotros, los ricos insatisfechos, podemos descubrir dónde está la felicidad, la plenitud que anhelamos.  En hacer lo que hizo Zaqueo. Se contagió del Espíritu de Jesús. Se convirtió en seguidor-discípulo de Jesús. Asumió los valores del Reinado de Dios. Zaqueo es un modelo de rico que comparte sus riquezas con los necesitados. Zaqueo se humaniza y enseña a los ricos a humanizarse. Asume una ética de solidaridad y austeridad compartida. Jesús salva a Zaqueo y a todos nosotros de nuestras riquezas. Los ricos se salvan compartiendo lo que tienen con los necesitados. Es el único modo de poder hacer un mundo más justo y más humano.

Señor: ¡¡¡ Ayúdanos a ser zaqueos!!!

África de la Cruz Tomé

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EL EXTRAÑO CASO DEL EXPLOTADOR QUE SE CONVIERTE

El protagonista del evangelio de hoy es un jefe de publicanos y rico. Este término no sugiere al lector actual del evangelio el odio y desprecio que sentía el pueblo judío hacia los miembros de esta profesión, que trabajaban al servicio de los romanos y oprimían al pueblo con el cobro de los impuestos. El antiguo publicano no tiene nada que ver con el banquero actual. Pero el odio que suscitan los banqueros en mucha gente desde hace unos años ayuda a entender el evangelio más que una larga exposición histórica sobre los publicanos. Sobre todo, cuando el banquero se ha enriquecido, mientras quienes depositaron su dinero en el banco lo han perdido todo o casi todo.

¿Mandamos a todos los ricos al infierno?

Hasta ahora, en su evangelio, Lucas no se ha limitado a defender a los pobres y a anunciarles un futuro definitivo mejor. Ha criticado también con enorme dureza a los ricos. Ha puesto en boca de María, en el Magníficat, unas palabras más propias de una anarquista que de una monja de clausura, cuando alaba a Dios porque «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.»

Y Jesús se muestra aún más duro en el Discurso de la llanura (equivalente al Sermón del Monte de Mateo): «¡Ay de vosotros, los ricos, porque recibís vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque pasaréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque lloraréis y haréis duelo! (Lc 6,24-25). El ejemplo más claro del rico que llora y hace duelo es el de la parábola del rico y Lázaro, que no podrá disfrutar de una eternidad feliz.

¿Significa esto que ningún rico puede salvarse? El episodio del rico que pretende seguir a Jesús, aunque al final desiste porque no es capaz de renunciar a su riqueza, demuestra que un rico puede salvarse si observa los mandamientos (Lc 18,18-23).

¿Qué ocurre cuando se trata de un rico explotador? La respuesta la da Lucas en el evangelio de hoy, cuya enseñanza podemos resumirla en los puntos siguientes.

El caso de Zaqueo (Lc 19,1-10)

Jesús no le pide que lo invite a comer, le dice que quiere alojarse en su casa. Se trata de algo mucho más personal. Cuando Jesús continúe su camino, seguirá presente en la casa y la vida de Zaqueo.

La conducta de Jesús resulta escandalosa. Esta vez no escandaliza a fariseos y escribas, a seglares piadosos y teólogos rancios, sino a todos sus seguidores y partidarios, que han aplaudido hasta ahora sus críticas a los ricos.

La diferencia entre Jesús y sus partidarios radica en la forma de considerar al jefe de publicanos. Mientras Jesús lo considera una persona y lo llama por su nombre («Zaqueo, baja…»), sus partidarios lo desprecian («un pecador»). Ellos se dejan guiar por una ideología que condena al rico, mientras que Jesús se guía por la fe («también Zaqueo es hijo de Abrahán») y por su misión de buscar y salvar al que se ha perdido. La historia de Zaqueo recuerda las parábolas del hijo pródigo y de la oveja y la moneda perdidas.

La conducta de Zaqueo supone un cambio radical y muy duro. Sin que Jesús le exija nada, por pura iniciativa, da a los pobres la mitad de sus bienes y está dispuesto a restituir cuatro veces, si se ha aprovechado de alguno. Y esto es lo que Lucas pretende enseñar: incluso un rico hipotéticamente injusto puede convertirse y salvarse; pero no basta invitar a Jesús a comer, debe darse un cambio profundo en su vida, con repercusiones en el ámbito económico.

Finalmente, la conducta de Jesús con Zaqueo trae a la memoria el refrán castellano: «Más moscas se atraen con una gota de miel que con un barril de hiel». Jesús podía haber criticado y condenado a Zaqueo. Sus seguidores lo habrían aplaudido una vez más. Y Zaqueo habría seguido explotando al pueblo.

Un texto precioso

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría (11,22-12,2) es un excelente complemento al evangelio. Muchos piensan que el Dios del Antiguo Testamento es un ser cruel y justiciero, enemigo despiadado del pecador. Quien lea este texto tendrá que cambiar de idea: la actitud de Dios es la misma que la de Jesús con Zaqueo.

José Luis Sicre

TESTIGOS DEL AMOR

El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males (Leonard Cohen)

Maestro bueno qué debo hacer, ¿para heredar la vida eterna? 

La misericordia es fruto del amor que Dios tiene a todos los seres: la hierba de la pradera, del caballo que la pace; el caballo, de la espuela del jinete; el jinete, del viento frío que le azota.

Tocatas de arrebato y fuego porque algo se les quema sin que nadie venga a sofocarlo; el dolor queda clavado haciendo estragos mientras la misericordia y compasiva Tierra, grita pidiendo amor y ayuda para sus maltrataos hijos. 

Parece que el amor ha levantado vuelo al cielo pidiendo ayuda a las estrellas, pues parece que también ellas, doloridas, sienten la oscuridad sobre sus ojos, y lloran como Vírgenes Dolorosas.

Así nos la presentan en forma triste y angustiada por con un rostro en plenitud de lágrimas y tristes, los cuatro evangelistas, presenciando de lejos la muerte de su hijo.

 Y los artistas la han tallado en hermosas imágenes que el pueblo aplaude en las procesiones de Semana Santa.

En Lorca, Murcia, obra de José Capuz Mamano, una imagen de estilizada belleza formal, casi de un dolor idealizado, con serena expresión y aflicción contenida, tersas mejillas y lágrimas tácitas en el rostro, que revelan el intenso y profundo dolor del sentimiento que la embarga.

“Virgo María Perdolens” y seis espadas hirientes en el corazón clavadas de una “Moerens Mater”, “Mater Ababilis”, y un Jesús dolorido entre los brazos.

“Estamos vibrando como un tenedor bailante; y mandamos vibraciones a la gente, todo el tiempo. Emitimos y recibimos. Entonces, las emociones orquestan las interacciones entre nuestros órganos y sistemas para controlar eso”, escribe Candace Pert, bióloga descubridora del receptor opioide, es autora del best seller Molecules of Emotion.

Un excelente texto que nos complace y consuela conocer por sus dimensiones del interser y su eficacia en testificarnos la proyección de nuestro amor hacia los otros.

El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males, decía Leonard Cohen. No tiene cura y en muchas ocasiones puede tornarse doloroso, pero no hay sensación equiparable de alguien y ser correspondido; ejemplo, la Dolorosa y todos cuantos siembran y practican amor por todo el mundo. 

Maestro bueno qué debo hacer, ¿para heredar la vida eterna? Pues para poder obtenerla siendo testigos de amor entre nosotros.

El mejicano José Tomás de Cuellar, pone de manifiesto la dimensión ondisonante del dolor, y la bondad de la misericordia, de cuanto aquí hemos hablado: 

¡¡seis espadas clavadas en el corazón de todo cuanto existe!!

 LA TEMPESTAD

Y se agita la mar ondisonante
al rudo empuje de aquilón bravío,
y ya truena en el cóncavo vacío
el flamígero rayo amenazante:

Va cundiendo el pavor a cada instante,
todo está triste, lóbrego, sombrío,
férvido entonces en el pecho mío
siento latir el corazón amante.

Y exclamo con acento lastimero:
¡Oh Señor! ¡cuán magnánimo te ostentas!
¡tiembla a tus pies el universo entero!

¡Ah! sí, bondad, cuánto poder alientas,
gracia, perdón, misericordia quiero
del alma en las terríficas tormentas.

 Vicente Martínez


Documentación: Liturgia de la Palabra

Documentación: A modo de Salmo. Florentino Ulibarri

Documentación: Plegaria: Patxi Loidi



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