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ERMITAÑA URBANA DESDE MI COMUNIDAD

El silencio sana

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Una vez más te invitamos a una experiencia única: pasar unas horas, un fin de semana en la Ermita “Nuestra Señora de las Virtudes” o en el Centro de Espiritualidad “Espai d´interioritat Francesc Palau”. Ya sabéis que estamos en plena naturaleza, queremos que tú también puedas gozar de éste oasis en medio de la gran ciudad en la que, por encima de todo, prevalece el silencio en un entorno natural bellísimo. El tiempo avanza y el otoño nos sigue regalando una policromía de colores, el bosque que está tocando a nuestra casa, te envuelve en una atmósfera de paz absoluta. Con las lluvias la naturaleza está exuberante, tenemos zonas boscosas frondosas, donde puedes disfrutar de una gama de colores amarillos, verdes, tonos rojizos y anaranjados, creando una atmósfera mágica. Este lugar es parte de la rica historia del Carisma. Las semanas de otoño, antes de las primeras heladas, el contraste de tonos de su vegetación es un espectáculo. Subiendo hacia el Tibidabo se encuentra una explanada con fuentes y asientos de piedra, es un mirador impresionante, con Barcelona al fondo y a tu alrededor la sensación de estar flotando entre plantas y árboles movidos por el viento. Disfruta de un  fantástico espectáculo de la naturaleza en el mismo corazón de éste lugar palautiano. Desde nuestra casa puedes contemplar amaneceres y puestas de sol inolvidables. En medio de ésta belleza, te invitamos a entrar en tu interior, en espacio de silencio y oración, con un sentimiento creciente de libertad y confianza. El silencio, la contemplación forman parte de la experiencia relacional trascendente, nos dispone a escuchar desde el silencio. Con apertura interior descubrimos que el silencio sana, nos recupera por dentro, nos restaura, nos lleva a amar, nos fortalece y nos hace humildes para la misión.

 

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Francisco Palau tan sólo puede elogiar la vida solitaria desde el “toque” profundo del Espíritu, que dio consistencia a la cotidiana búsqueda de equilibrio y de sentido, por esto nos llega su capacidad de contagiarnos un audaz aliento profético para hoy. El silencio, la soledad y la oración, son para él lugar de escucha, ocasión de intuición mística y espacio para releer la misión. Escucha a Dios que le pacifica y le remueve. Escucha a la historia, con sus gritos, sus cantos, sus silencios, sus preguntas… Siente un deseo imperioso de soledad, pero la soledad y el silencio reclaman lugares para retirarse, los busca y encuentra… Con corazón sinodal contemplativo y misionero, os dejamos con la palabra directa de Francisco Palau:

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-“Decidime por entonces a fijar mi residencia en los más desiertos, salvajes y solitarios lugares, para contemplar con menos distracciones los designios de Dios” (VS 246,20)

-“Herido de muerte mi corazón, me retiré a mi cueva. Ya estoy solo. ¡Oh soledad, cuánto vales! Ven, Amada mía. Oh Iglesia santa, recibe, Virgen bella, recibe en tu seno a este miserable mortal…” (M. Rel. 825-826 - Santa Cruz de Vallcarca)

-“Terminada la Misa, me fui a mi cueva, cerré la puerta, y yo decía: “Mi cueva es para mí el cielo, el cielo es mi celda, mi celda es el cielo, porque aquí estás ahora tú, oh la más pura de las vírgenes” (M. Rel. 771, 10 - Santa Cruz de Vallcarca)

-“En la soledad y silencio de la cueva te oiré” (M. Rel. 827,4 - Santa Cruz de Vallcarca)

-“¡Preciosa soledad! Tú has curado las llagas de mi corazón, pero has abierto otras que son incurables” (M. Rel. 906,2 - Santa Cruz de Vallcarca)

-“El solitario desde su peñasco rinde a la divinidad de la religión, sin ruido de palabras, un público testimonio no menos brillante que los predicadores del Evangelio” (VS 240,3…)

-“El amor de Dios trae al alma al desierto, a la soledad, a la celda, al claustro, al silencio, a la oración continua y presencia de Dios, a la abstracción del mundo y sus tratos,… a la pobreza interior y exterior, a la unión con Dios, a todas las demás virtudes de una vida retirada y puramente solitaria y contemplativa” (Cta. 99,3 - Santa Cruz de Vallcarca)

-No se conocen los inmensos tesoros que hay escondidos en una vida solitaria, quieta, pacífica y contemplativa, sino mirándolos por un alma contemplativa desde el mundo” (Cta. 49,1)

El P. Palau desde su “cueva”, vivía inserto en la red ciudadana, en todo su pluralismo, como en un oasis del Espíritu. Se trata de encarnarse como semilla de esperanza para que en la gran ciudad se vaya haciendo presente la necesidad de parar, de silenciarse por dentro…

                                              Francisca Mª Esquius C.M

 

 

 

 

 

 



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