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Hna. B. Concepción Pascual Rosendo

                

“…La mujer virtuosa ¿quién la hallará?
Vale más que las perlas…» Prov 31, 10

En la cincuentena Pascual de 2023, el Señor sigue llamando a nuestras hermanas a celebrar su Pascua en la gloria. Ayer, al mediodía, callandito, como la vela que ya ha consumido toda su cera y se apaga dejando en el aire su fragancia, Hna. Concepción Pascual Rosendo, partió hacia la Casa del Padre. Tres de mayo, el día de la Cruz, desde la comunidad “Nuestra Señora de las Virtudes” de Tarrega llegó el encuentro deseado porque su alma y su cuerpo pedían ya este encuentro.

  

     

Hna. Concepción nació en Talamanca del Jarama (Madrid) el 3 de septiembre de 1932. Ingresó en el Carmelo Misionero el día 8 de noviembre de 1958. Profesó el día 14 de noviembre de 1959, en Pamplona.

Al terminar el noviciado estuvo un año en la Casa Madre de Barcelona para pasar a la Provincia de “San José”, la “Provincia del Norte”. Estuvo en las comunidades de Lesaka (Navarra), Zaragoza y San Sebastián en los colegios que las Carmelitas Misioneras teníamos en estas ciudades. Tras unos años de permiso de ausencia para cuidar a su padre, en Talamanca del Jarama, se quedó en la Provincia “Santa Teresa”, la “Provincia de Madrid”: Getafe (Madrid), Madrid (Casa Provincial), Oropesa (Toledo), Trigueros (Huelva), Ávila, Madrid y Tárrega donde ya llegó muy debilitada.   

             

Conocedora de sus dones, Concepción, dejó su sello en el campo de la educación, con los más pequeñitos, en los bonitos y variados trabajos manuales, en sus dibujos y pinturas, y sobre todo en el arte de la aguja. Es difícil recordar a Hna. Concepción sin una máquina de coser a su lado de la que, como los magos del sombrero, sacaba de todo.

De aquella máquina de coser, que no descansaba, lo mismo salía, una cortina, que un cojín, un purificador, que un arreglo de falda y todo con el mismo primor.

            

Desarrolló con maestría los oficios humildes, o mejor, desarrollaba con humildad todos sus oficios. Muy buena organizadora de la casa tanto en las pequeñas y grandes cosas de cada día, como en el acompañamiento a las hermanas cuando tuvo que ejercer el servicio de Superiora.

Cuidaba la liturgia y el canto, para el que también estaba muy bien dotada. Allí donde ella estaba, reinaba el orden, testigo privilegiado fue la sacristía de la Parroquia Santa María Magdalena de Madrid que andaba de su mano.

Orgullosa de sus raíces madrileñas, de la tierra de San Isidro y Santa María de la Cabeza. Bailaba el chotis con primor, aunque tuviera que hacerlo con el bastón.

Mucho quería a su familia y su familia a ella. Era la mujer en la que se podía confiar para guardar secretos, para escuchar una palabra sensata que llevaba a la paz. Las hermanas, sus sobrinos, la gente de la parroquia, los sacerdotes, … y ella, siempre tenía tiempo, todo el tiempo, que hiciera falta.

Damos gracias al Señor por esta vida entregada en las pequeñas cosas de la vida ordinaria, esas que permiten hacer cosas grandes, damos gracias por el don de la escucha y la practicidad, por ese no levantar la voz, y también, por qué no, damos gracias por su testarudez, por su inagotable empeño hasta conseguir lo que quería. Gracias Señor por Hna. Concepción a la que definitivamente has llamado para participar de tu gloria que tanto deseaba.

Madrid 4 de mayo de 2023

Cecilia Andrés

Superiora Provincial

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