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Hna. Carmen Berasategui Liceaga

Os comunico el paso a la Casa del Padre de Hna. M del Carmen Berasategui Liceaga. Fue llamada por el Señor cuando estrenábamos el Nuevo Año, era la víspera de Reyes y fue a adorar a Jesús, era el día 4 de Enero de 2024, pertenecía a la comunidad de “Santa Cruz de Vallcarca”, en Barcelona.

Hna. M Carmen nació en Hernani (Guipuzcoa), el día 3 de febrero de 1934. Fue recibida con gozo en una familia de hondas raíces cristianas, que fueron creciendo en su interior y madurando en la oración, hasta que decidió seguir a Jesús como Carmelita Misionera. Así el día 8 de mayo de 1958 comenzó el Noviciado, profesó el día 12 de mayo de 1959, en Pamplona.

La andadura misionera de Hna. M Carmen se desarrolla en el campo de la salud. Muy buena enfermera, de gran altura profesional y con unas excelentes cualidades humanizadoras, atendió a los enfermos con el cariño y cuidados que cada persona necesitaba, sin reparar en tiempo y dedicación. Con este talante pasó por las comunidades de: Pamplona, Barcelona, Badalona (Barcelona), Tortosa (Tarragona) y Santa Cruz de Vallcarca-Barcelona, que fue la última etapa de su camino misionero. En este lugar palautiano, Residencia Solàrium, realizó la mayor parte de su entrega a los demás.

¿Qué decir de Hna. M Carmen? Quienes la han conocido o han convivido con ella, han podido ver una mujer sencilla, alegre, reservada. Muy humilde en su modo de actuar, sin pretensiones, no era amiga de primeros planos. Sí, “sabía estar” en cada situación. Actuando con naturalidad. Una mujer agradecida a cualquier servicio que recibía. Destacar su gratitud a la Congregación porque estaba muy bien atendida y cuidada con una hermana a su servicio, y muy querida por todas.

En su última enfermedad, en urgencias, dejó un buenísimo testimonio de serenidad y agradecimiento entre todo el personal del Centro Sanitario, admirando su sonrisa en medio del sufrimiento. Una característica muy suya, es una cierta ingenuidad con una agudeza que da “la sabiduría de la vida”, manifestada en expresiones tan certeras que llenaban de sorpresa a quienes las escuchaban.

Y… ¿qué decir de su necesidad de estar con las hermanas de comunidad? Cuando no veía a ninguna, su pregunta era ¿dónde están las hermanas? La vida fraterna fue para ella una “joya preciosa” que le animaba y estimulaba la vida.

Las Hermanas de su comunidad pudieron estar presentes y seguir los pasos de sus últimos momentos. La acompañaron con jaculatorias, cantos, mientras observaban cómo, poco a poco se iba debilitando su respiración. Hasta que después del canto “Blanca flor del Carmelo”, sin más, dejó de respirar.

¡GRACIAS, Carmen! Por tu persona, por tu manera de ser, por tu capacidad para preocuparte más del otro que de ti misma.

¡GRACIAS! por tu testimonio de fidelidad vocacional en una vida sencilla, entregada y alegre.

¡GRACIAS! por tanto que nos has regalado con naturalidad y acierto.

¡GRACIAS! por los buenos ratos que nos has hecho pasar, especialmente con nuestros “viajes imaginarios a Hernani”, tu pueblo que tanto querías.

Damos gracias por tu larga vida 89 años, y 65 de Vida Consagrada. Sabemos que nos acompañas desde el cielo y junto a Jesús resucitado nos sigues ayudando.

Oramos por ella y por todas nosotras para que este “nuevo paso” del Señor reavive nuestra esperanza en la Pascua de Jesús y en el encuentro de las hermanas que nos han precedido.

Hna. Cecilia Andrés

Madrid 10 de enero de 2024

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