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Hna. Catalina Díaz Nieto

«GocémonosAmado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte y al collado, do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura” San Juan de la +

Pronto amanecerá el 20 de marzo, aniversario de la Pascua de nuestro Padre Fundador, y Hna. Catalina amanece participando en la gloria del Padre. Tiene 72 años de edad y 32 de vida religiosa.

 

Cati nació en Gallegos de Salmirón, en la sierra salmantina, el 18 de febrero de 1951. Es enfermera ya curtida cuando toca a las puertas de nuestra congregación en octubre de 1987 y hace sus votos temporales el 15 de agosto de 1990 en Ávila.

Después de su etapa formativa en Segovia, Ávila y Salamanca está en las comunidades de Madrid (Parla) y Valladolid para pasar a Torremolinos, a la Residencia “San Carlos”. Ha muerto en la comunidad “Santa Teresa” de Torremolinos.

Así ha sido percibida Hna. Cati por aquellas personas con quien ha vivido, trabajado y le han asistido.

Hna. Catalina Díaz Nieto llega a la comunidad “Santa Teresa” de Torremolinos (Málaga), el día cuatro de agosto de dos mil diecisiete, tiene 66 años. Viene de la comunidad “San Carlos”, donde había permanecido diecisiete años como enfermera de la residencia de señoras mayores.  Llega delicada de salud y consciente de sus limitaciones. No obstante, tiene lucidez para manifestar en diálogos personales, que su vida está ya entregada, y ofrecida al servicio de la Iglesia. Durante los primeros años, participa en los actos de comunidad y, aunque le cuesta verbalizar sus sentimientos, al preguntarle por ellos, aún responde con contundencia y mucha profundidad.

Cati, como todas la llamábamos familiarmente, era una persona con mucha autoridad, pero no se imponía, simplemente manifestaba lo que ella creía era lo mejor; trabajadora incansable, hasta llegar a conseguir sus metas propuestas que eran muy altas; gran profesional, leal, valiente y con capacidad de sacar de los demás lo mejor de sí mismos; persona en quien se podía confiar la propia intimidad y ser reconfortados. A la vez poseía el don de aglutinar; muy familiar y festiva (organizaba las fiestas y se disfrazaba en muchas ocasiones para animar las grandes celebraciones como la Navidad, la Virgen del Carmen, etc.).

Este párrafo es el testimonio de los trabajadores de la residencia “San Carlos”, alrededor de su féretro, al recordar los años vividos junto a ella.

Los trabajadores de la comunidad “Santa Teresa”, añaden su humildad, agradecimiento, paciencia…

Por supuesto que las Hermanas confirman la realidad expresada y añaden como impactante su actitud frente al diagnóstico de su enfermedad de “Parkinson”. Ella se presentaba y sentía ante el Señor como “su tontita”.

Todo este elenco de cualidades y muchas más, tenían su fundamento en su gran experiencia de Dios, que manifestó hasta el final, en la fase pasiva, cuando le cedió a su Amado el dejarse hacer y modelar hasta purificarla y transformarla en sí “en callado amor, que es el lenguaje que Él más oye”, como a su Padre San José en cuya fiesta le regaló “Romper la tela del dulce Encuentro” para arder por toda la eternidad en Llama de Amor Viva.

¡Gracias Cati! Te sentimos resucitada entre nosotras. Has dejado una profunda y muy significativa huella que no se puede borrar. Intercede por todos nosotros: Congregación, familia, profesionales y cuidadoras que te han atendido durante la enfermedad, y por cuantos se han cruzado en tu camino en quienes has sembrado semillas de vida que ya están dando su fruto en esta recién estrenada primavera de marzo de dos mil veintitrés.

Madrid 21 de marzo de 2023

Hna. Cecilia Andrés

Superiora Provincial

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