octubre 18, 2014
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Hna Josefa Apezteguía

“… Vamos a la casa del Señor…”

(Salmo 121,1)

Muy queridas Hermanas:

Con el canto del salmo 121 “vamos a la casa del Señor…” os comunico que tenemos una nueva intercesora en la casa del Padre. Ayer por la tarde, día 17 de octubre de 2014, nuestra Hna. María Josefa Apezteguia AZANZAfue invitada a participar plenamente en el Banquete del Reino. Falleció en la Enfermería de Vitoria, comunidad “Mater Carmeli” a los 81 años de edad y 57 de vida consagrada. Ya está “en la casa del Señor, pisando los umbrales de la nueva Jerusalén”. Ha terminado el camino de la vida, en el que ha ido tejiendo su historia de salvación, historia que hoy contempla a la luz del Resucitado.

Hna. María Josefa nació el 25 de noviembre de 1932 en Mañeru (Navarra), lugar de fuerte resonancia carmelitana por el don de vocaciones al Carmelo Misionero. Profesó en Pamplona el 11 de mayo de 1957. Su misión principal ha sido la atención a los enfermos, a quienes cuidó con solicitud y profesionalidad. Ha estado en varias comunidades: Barcelona, casa Madre; en Oviedo y San Sebastián; en León-Clínica “Nuestra Señora de la Esperanza” y en Santa Lucía de Gordón; en Zaragoza-Clínica “San Antonio”, en Pamplona y Villava trabajando como enfermera en la Clínica “San Miguel”. A Cizur fue destinada en el año 1987 debido a su deterioro físico y, dentro de sus capacidades, colaboró en servicios comunitarios. Francia fue un lugar muy querido por nuestra hermana, aquí se empapó del espíritu del gran ermitaño, Francisco Palau; estuvo en la comunidad “Santa Teresa” de Villeneuve-Sur Lot y trabajó del 1961 al 1970 en la Clínica de dicha ciudad; con esfuerzo y constancia aprendió el francés para atender mejor a los enfermos y relacionarse más fácilmente con el personal de la Clínica y sus familiares. En el mes de marzo del 2013 fue trasladada a la Enfermería de Vitoria, donde ha pasado la última etapa de su vida, acompañada por las hermanas y personal laico que la han atendido cuidadosamente debido a su gran deterioro físico y cognitivo. Allí, con la paz de los que viven en el Señor, ha esperado “su hora”, que ha llegado en octubre, mes teresiano y misionero.

Como buena carmelita misionera ha experimentado la fidelidad y el amor de Dios, en el día a día de su existencia, también el peso del barro en sus pies, su propia limitación, experiencia de luz y de sombra que la ha capacitado para dejarse modelar por el “gran Alfarero” que ha hecho de su vida una hermosa y bella vasija agradable a los ojos del Padre. María Josefa ha sido mujer de contraste en sus manifestaciones; amable y conversadora en la misión, sin embargo le faltaba delicadeza en el trato comunitario. Ha sido fuerte en la fe, constante en la oración, generosa en el amor y en el servicio a los más necesitados; responsable y trabajadora, servicial y disponible.

Damos gracias por su entrega y cuidado de los enfermos, los cristos sufrientes de la humanidad; por su testimonio de fidelidad vocacional al servicio de la Iglesia Oramos por ella y por su comunidad para que el Señor se haga presente, de manera especial, en estos momentos de vivencia pascual. Esperamos que siga intercediendo ante el Padre por la Congregación, especialmente por las hermanas enfermas para que en esta etapa de la vida experimenten la presencia del Alfarero que va modelando su vida en el sufrimiento y transformándola en vasija de resurrección.

Un fuerte abrazo, en nombre del Consejo Provincial

María Esperanza Izco
Madrid, 18 de octubre de 2014

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