noviembre 2, 2013
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Hna Mª Antonia Bedia Trueba

“…Dichosos lo que viven y mueren en el Señor…”

 Muy queridas Hermanas:

 “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Estas palabras resuenan con más fuerza en este día, 2 de noviembre, conmemoración de quienes nos han precedido en la casa del Padre. Tenemos un recuerdo especial para nuestraHna. María Antonia Bedia Trueba que fue llamada a la Vida el día 29 de octubre de 2013 a los 88 años de edad y 63 de Vida Consagrada, en la comunidad “Mater Carmeli”, enfermería, Vitoria (España). Oramos y alabamos al Señor por ella.

María Antonia nació el día 17 de abril de 1925 en Santander y profesó el día 14 de abril de 1950 en Pamplona. Recordamos con gratitud su vida, su entrega y su disponibilidad para “amar y servir” en las diferentes actividades realizadas en su trayectoria vocacional. No son muchas las comunidades donde ha vivido: Lérida, Barcelona y Vitoria, tres lugares con gran diferencia de tiempo; en Vitoria ha vivido 57 años, en las comunidades “Virgen Blanca” y “Mater Carmeli”, en la Clínica Arana y en Txagurritxu, donde trabajó incansablemente y en armonía, ella misma decía: “he tenido buena armonía con todos”. María Antonia era una persona acogedora, muy sociable, de buenas relaciones, responsable y generosa.

La comunidad “Mater Carmeli”, donde fue fundadora, tiene un recuerdo especial de nuestra hermana; allí realizó una bonita misión en la ropería y en otros servicios de la casa, se distinguía por su arte en el coser y estaba siempre atenta a las necesidades de las hermanas. Le caracterizaba el buen hacer, la acogida y la disponibilidad. En las comunidades y en el trabajo con otras personas ha dejado su huella, caminaba con paso de esperanza pues tenía en su interior una gran reserva: el aceite de la fe para mantener la lámpara encendida y alumbrar a “los que estaban en la casa” y la sal del amor para dar buen sabor a lo que hacía, consciente de que la vida está hecha de pequeños detalles, de cosas sencillas que hacen la vida más agradable a los demás.

Su cercanía y servicio también llegó a los sacerdotes, a quienes cuidó sin escatimar esfuerzos; los veía solos y necesitados; en la Residencia “Juan Pablo I” visitaba a uno de ellos y lo atendió hasta el final de su vida. La edad y el deterioro físico fueron debilitando sus fuerzas y limitando su actividad y pasó a la enfermería, donde ha estado atendida con gran cariño, por las hermanas y el personal sanitario.

Gracias María Antonia por el testimonio de tu vida. Has llegado a la meta, ya te encuentras entre los elegidos que “ven cara a cara al Señor”; que vivas eternamente feliz. Esperamos que intercedas ante el Padre y le presentes las necesidades de la Iglesia y de tantos hermanos que sufren; y también las intenciones de tus hermanas, las Carmelitas Misioneras, para que fortalezcamos nuestro seguimiento a Jesús, camino, verdad y vida y el Señor envíe obreros a su mies.

Con cariño, en nombre del Consejo.

 María Esperanza Izco
Madrid, 2 de noviembre de 2013

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