mayo 13, 2015
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Hna Manuela Valladares Espejo

Junto con sus lámparas llevaban el aceite en las alcuzas…
y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda…”

          (Cf. Mt. 25, 4.10)

Muy queridas Hermanas:

Estamos celebrando la fiesta de la Virgen de Fátima y también el “paso a la Vida” de nuestra querida Hna. Manuela Valladares Espejo. A primeras horas de la tarde, con la paz de los justos, la lámpara encendida y el aceite en la alcuza, ha entrado al banquete de las bodas eternas. Quienes hemos convivido más de cerca con Hna. Manuela, la recordamos como mujer de paz, con la mecha ardiendo en su lámpara y esperando la “hora” de encontrarse plenamente, cara a cara, con el Señor. Y así, en esta fiesta mariana, nos ha dicho adiós, silenciosamente, a los 88 años de edad y 60 de vida consagrada. Ha fallecido en la enfermería “Santa Teresa”, Casa Madre, Barcelona.

Nació en Alhama de Granada, el 25 de marzo de 1927. Conoció a nuestra Congregación a través de las “religiosas” de las “Recogidas” como se conocía vulgarmente el Beaterio de Santa María Egipciaca de Granada (Cf. Carmelitas Misioneras, Historia, Tomo IV, páginas 400ss.), que tenían un colegio y una residencia, donde trabajó nuestra hermana durante algunos años. El Señor la llamó y el testimonio de las Carmelitas Misioneras confirmó y fortaleció su respuesta de ingresar en el Carmelo Misionero. En 1953 comenzó el postulantado en Pamplona y profesó el día 28 de agosto de 1954.

Su primer destino, a los pocos días de profesar, fue el Hospital San Antonio de Tárrega, donde estuvo atendiendo con generosa dedicación a los ancianos y enfermos de ese Hospital-Residencia. En la Clínica La Alianza de Gerona fue veladora, mostrando su cercanía y ofreciendo toda clase de atenciones a los enfermos en la soledad de la noche. También trabajó intensamente en la comunidad y actividad apostólica de Berga. Las invidentes mayores del Amparo de Santa Lucía, Barcelona, disfrutaron de su servicio sencillo y su delicadeza en el trato. Pero la misión que ejerció, la mayor parte de su vida, fue la de cocinera; durante muchos años estuvo preparando gustosamente la comida para la comunidad, los enfermos y los ancianos del Hospital-Residencia “Virgen del Carmen” de Santa Coloma de Queralt, servicio que tuvo que dejar, con harta pena, cuando su salud se lo impidió. Su experiencia confirma el dicho de la Santa “Entre los pucheros anda el Señor”, ella contaba que realmente palpaba la presencia del Señor y con tan “buen amigo al lado”, realizaba este trabajo con amor y entrega. La comunidad “Virgen del Carmen”, Barcelona, fue el paso previo para la enfermería de la Casa Madre, allí fue trasladada en el año 2009.

Gracias Manuela por tu testimonio de vida y gozo vocacional y por la hermosa historia de amor que has escrito en el día a día de tu caminar. Queda en nuestro recuerdo la Carmelita Misionera comunitaria y fraterna, orante y defe profunda, alegre y servicial; sufrida y con buen humor; raramente se le oyó quejarse. Muy pronto la enfermedad le imposibilitó para todo servicio, pero no para seguir fielmente los actos comunitarios, a pesar de la dificultad de movilidad que tenía. Le gustaba mucho la lectura, el conocer las situaciones y los acontecimientos para presentarlos en la oración al Señor. En la enfermería de la Casa Madre ha vivido el proceso de su enfermedad con serenidad, alegría y gratitud a las Hermanas y a quienes con cariño la han acompañado y cuidado. Manuela, ahora que estás más cerca de Quien todo lo puede, sigue intercediendo por las necesidades de la Congregación, de la Iglesia y de la humanidad.

Un fuerte abrazo, en nombre del Consejo Provincial

Carmen Ibáñez Porcel
Madrid, 13 de mayo de 2015

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