diciembre 9, 2015
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Hna. María Sadurní Pons

“Yo soy la resurrección y la vida”.

Muy queridas Hermanas:

Os envío un nuevo saludo de esperanza ya que cada vez que vivimos y celebramos el “Paso a la Vida” de una de nuestras hermanas actualizamos las palabras de Jesús “Yo soy la resurrección y la vida”. Como ya sabéis, el día 4 de diciembre de 2015, nos precedió en la casa del Padre nuestra querida Hna. María SadurnÍ Pons y ya está celebrando la Pascua eterna.  El Señor la ha llamado definitivamente en este tiempo de Adviento, su “tiempo” litúrgico preferido. Con paz serena “esperaba al Señor”, “allanaba el camino” y el Señor llegó. Ahora, con todos los elegidos, está viendo y disfrutando plenamente de su presencia.

Camino recorrido: 

Hna. María nació en Tavertet (Vic) el día 1 de diciembre de 1926 y profesó en Pamplona el 29 de agosto de 1952. Ha fallecido a los 89 años en la comunidad “El Carmen” de Burgos. Muchas Hermanas conocemos personalmente a María y la recordamos con cariño y gratitud. Ha estado en varias comunidades y países. Sus primeros años de vida religiosa los vivió en la comunidad de Pamplona y de allí fue a Mahón (Menorca). En 1968 la destinan a África, a la misión de Mukabe-Kasari, lugar donde trabajó intensamente, con gran entrega y dedicación hasta el año 1983. Durante toda su vida ha recordado esta misión y oraba constantemente por las misioneras. También estuvo en Roma, reforzando la vivencia de universalidad y profundizando en la dimensión carismática. En el año 1987 fue destinada a Livrón (Francia) donde colaboró en las actividades de la casa y en la transmisión de la espiritualidad palautiana. Al terminar su misión en Francia fue destinada a la Residencia de San Sebastián, de allí a Zaragoza y, ya limitada físicamente, llega a Burgos en 1999 donde ha seguido siendo “misionera” en la sencillez del vivir diario. Y con la paz de quien “vive en el Señor” ha llegado a la meta, al encuentro definitivo con Aquel que esperaba anhelante.

Huella que ha dejado:

El espíritu misionero: mujer de corazón grande y universal, cuando estuvo en África y cuando ha estado en otros lugares de la geografía provincial. La vivencia vocacional: contagiaba la vida que llevaba dentro, el gozo de ser Carmelita Misionera. La actitud fraterna: buscaba la comunión, favorecía la buena convivencia, era detallista, acogedora y servicial, responsable en la comunidad y en la misión.  De fe profunda y muy amante de la Virgen, para ella la Madre del Carmelo era muy importante, en ella confiaba. Su amor a la Congregación: se interesaba por ella y oraba por sus necesidades.

Juntas, como familia, damos gracias al Señor por la vida nuestra Hermana, por su huella que estimula nuestro caminar. Le pedimos que nos ayude a preparar el camino al Señor y a estar siempre abiertas a la salvación de Dios.  

Os abraza, en nombre del Consejo Provincial

Hna. Carmen Ibáñez Porcel
Madrid, 9 de diciembre de 2015

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