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Hna. María Teresa Artazcoz Ollo

“Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo…porque estuve enfermo y me visitasteis…” (Mt 25, 34.36)

Hermana María Teresa Artazcoz Ollo falleció el día 30 septiembre de 2026, a los 91 años de edad y 74 de Vida Consagrada, en la comunidad “Mater Carmeli” de Vitoria.

Maria Teresa nació en Ilzarbe, Navarra, el 30 de noviembre de 1934 y profesó como Carmelita Misionera el 12 de marzo de 1962 en el noviciado de Pamplona. En su trayectoria vocacional descubrimos su gran espíritu misionero, mujer de corazón universal que, como San Francisco Javier, supo “servir y amar”, a los más pobres y necesitados en diferentes pueblos y ciudades de la India.

En este país, como carmelita misionera, ha realizado su misión en las comunidades de Junagadh, Mumbai, Sagbara, Umarpada, Dhandhuka y Relva, en algunas de estas comunidades ha estado en diferentes periodos de su vida.

Allí ha dejado la huella de su bondad y entrega generosa. También ha vivido, en periodos breves, en Barcelona, Kuwait, Iloilo (Filipinas), Pamplona, Zizur (Navarra) y finalmente en la enfermería de Vitoria, y de aquí, con paz serena, ha llegado a la meta. Recordar a María Teresa, es recordar la bondad y el amor de Dios, nuestro Padre.

Su presencia, su sonrisa y su gesto amable ha sido un testimonio para la comunidad y enfermería de Vitoria. Su vida trasmitía paz, gozo y despertaba en quienes caminaban a su lado el deseo de ser mejor cada día. Esta huella, sin duda, también queda grabada en la mente y el corazón de las personas con las que ha convivido, especialmente en España y en la India, muchas de ellas la habrán recibido con gran alegría en la casa del Padre.

María Teresa, fiel a su vocación de Carmelita Misionera, servicial y generosa, orante y fraterna ha marcado el camino evangélico y carismático de la disponibilidad “iré donde la gloria de Dios me llame”. Aunque tenía bastante deterioro cognitivo recordaba y asociaba a las personas, se le iluminaban los ojos cuando se le hablaba en inglés y, alguna vez, en jugerat, tatareaba palabras y cantos. Le encantaba leer, aunque ya no podía, pero con frecuencia tenía en sus manos la revista La verdad.

Se ha ido a la casa del Padre, con mucha paz, hasta el último suspiro estuvo acompañada de las hermanas y del personal sanitario. Desde el cielo nos contempla. Gracias María Teresa, por tu vida, vocación, presencia y servicio. Te echamos de menos. Ahora que estás junto al Señor, no nos olvides. Contamos con tu intercesión ante el Padre, intercede, especialmente, por tu hermana y familia y por las Carmelitas Misioneras.

 Madrid, 2 de octubre de 2026

 Hna. Gemma Martín

Superiora Provincial

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