noviembre 13, 2015
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Hna Mercedes Arizcuren Ainzúa

Yo soy la resurrección y la vida

Muy queridas Hermanas:

“Yo soy la resurrección y la Vida”, palabras que resuenan fuertemente en nuestro corazón y en nuestros labios. Han pasado tres días y de nuevo el Señor llama a la puerta e invita a otra hermana de la Provincia a participar en el Banquete del Reino. Esta vez, en Torremolinos, comunidad-enfermería “Santa Teresa”, donde estaba nuestra Hna. Mercedes Arizcuren Ainzúa. Ha fallecido el día 12 de noviembre de 2015, a los 94 años de edad y 65 de Vida Consagrada. Las hermanas la han acompañado hasta el final de su peregrinar, pero de manera especial su hermana Aurelia, también Carmelita Misionera, integrada en la misma comunidad. 

Camino recorrido: 

Hna. María Mercedes nació en el pueblo de Amunarrizqueta (Navarra) el 25 de septiembre de 1921. Profesó como Carmelita Misionera el 30 de agosto de 1950 en la casa noviciado de Pamplona. Ha vivido largos años y de ellos 65 en el Carmelo Misionero. Sus primeras comunidades en España antes de la misión “ad gentes” fueron Ávila, comunidad “Nuestra Señora de Sonsoles” y Córdoba. En el año 1966, con la sencillez de quien ha bebido en la fuente misionera de Francisco Javier, acoge con disponibilidad su destino a Mozambique, concretamente al Sanatorio La Machava (Lorenzo Marques), allí estuvo hasta el 1974, año en el que las hermanas tuvieron que dejar “casa y misión” por la situación del país. De nuevo en España, en Madrid: Clínica “Mateo Milano” y casa provincial y, por segunda vez, a la comunidad “Nuestra Señora de Sonsoles, Ávila. Ya había recorrido mucho camino, pero todavía tenía ánimo y aceptó el destino a Beja (Portugal) y, después de muchos años, las hermanas y la tierra portuguesa guardan bonitos recuerdo de su presencia fraterna. En 1992 regresa a España y va destinada a la comunidad “Santa Teresita” de Ávila; la enfermedad y la edad avanzando fueron la causa de su traslado, en el año 2008, a la comunidad “Santa Teresa”, Torremolinos. Allí, serena y lentamente ha ido viviendo el misterio de la muerte-resurrección hasta el día de su Paso a la Vida. 

Huella que ha dejado:

El gozo de ser Carmelita Misionera, de vivir en comunidad, en fraternidad. La bondad, mujer buena, de corazón grande y acogedor. La fe traducida en obras y la gran esperanza en el Señor a quien confiaba su existencia. Su espíritu universal y disponibilidad para la misión “ad gentes”. La gratitud, con palabras o gestos. La humildad, reconociendo sus valores y sus límites, ayudando con sencillez y dejándose ayudar. La paz, que transmitió hasta el final de su vida.

Con esperanza acogemos esta nueva intercesora y, en Familia, oramos y alabamos al Padre. La huella de su caminar queda grabada en el corazón de las hermanas con las que ha convivido y trabajado; sus pisadas sostienen nuestro caminar con Jesús y los hermanos, especialmente con quienes recorren duros caminos en busca de una vida mejor para ellos y sus hijos. Alabamos al Señor porque Mercedes ha sido luz para el caminante, el peregrino, el extranjero. 

Un abrazo, en nombre del Consejo Provincial

Hna. Carmen Ibáñez Porcel
Madrid, 13 de noviembre de 2015

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