octubre 15, 2014
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Hna Piedad Sangrador Polanco

“…En la vejez seguirá dando fruto…” 

(Salmo 91,15)

Muy queridas Hermanas:

Con la esperanza en la resurrección os comunico que nuestra Hna. María Piedad Sangrador Polanco ha fallecido en la madrugada de este significativo día 15 de octubre de 2014, en la comunidad “Santa Teresa”, Casa Provincial, Madrid; ya está gozando de la presencia del Padre y celebrando con todo los Santos la fiesta de Santa Teresa y la apertura del V Centenario.  El árbol de su vida, plantado en la viña del Señor, ha llegado a los 101 años, cargado de brotes y frutos; su gran copa ha dado sombra y cobijo a muchas personas durante su larga y fecunda existencia, hoy ha sido trasladado al paraíso celeste; allí, junto a la fuente de agua viva, disfrutará de la primavera eterna.

Hna. María Piedad nació el 28 de septiembre de 1913 en Herrera de Pisuerga (Palencia), aunque ella se consideraba santanderina, donde vivió parte de su niñez y juventud. El 24 de agosto de1951 ingresó en la Congregación y profesó el día 3 de marzo de 1953 en Pamplona. Poco después de profesar inició su viaje misionero. Nos cuenta la Historia, que a primeros de septiembre de 1953, salieron de Barcelona un grupo de cuatro hermanas con dirección a Cuba, entre ellas Piedad, al Colegio “Virgen del Carmen”, de La Habana; posteriormente fue destinada a Camagüey. Ella, como todas las que estuvieron en Cuba, mantenía clara la memoria de las “peripecias” vividas y de la experiencia de fraternidad. Regresó a España en 1961 y fue destinada, sucesivamente, a las comunidades de Granada, Padul y Trigueros. En 1967 se integra en la comunidad de la “escuelita”, en el Ventorro de la Puñalá, así denominado familiarmente en los primeros años de la fundación; actualmente es el Colegio “Santa Teresa”, Getafe. Allí, en el Convento de la Aldehuela, conoció a la Madre Maravillas de la que era muy devota. Su principal actividad ha sido la educación, maestra nacional en pueblos de Cantabria y posteriormente en nuestros Colegios; buena pedagoga, como su padre, el gran educador de sus hijos y de muchos niños y jóvenes en diferentes Centros y lugares. En 1972, nuestra hermana, por motivos de salud tuvo que dejar la educación y fue destinada a la casa provincial; y aquí, una vez recuperada, recorría las calles de Madrid haciendo servicios al Consejo Provincial, a la comunidad y a las hermanas de paso; y, hasta hace unos meses, ayudaba a las hermanas en el estudio del español.

Piedad, ha sido y sigue siendo persona querida por las hermanas, su familia y las personas que la hemos tratado. Mujer de fe sólida y profunda, acogedora y fraterna, simpática y agradable en el trato, lucida de mente y ágil de cuerpo, gran observadora y de mirada penetrante, con sentido del humor y una cierta picardía; tenía respuesta para todo, respuesta acertada y oportuna, pues hasta el final su mente seguía funcionando al máximo. Preparaba con esmero la liturgia, buscaba lecturas actuales y puntos de reflexión y motivación, tanto para el comienzo de la jornada como al final de la misma. Su sensibilidad musical era grande, le encantaba la música clásica, tocar y hacer hablar al piano. Era jovial, conectaba rápidamente con las jóvenes, cuando llegaban a la casa provincial las buscaba, se sentaba a su lado y mantenía con ellas una conversación amena y llena de sabiduría. A pesar de sus 101 años tenía deseos de seguir viviendo, disfrutaba de la compañía de las hermanas, de la vida comunitaria, de los recreos y de las tertulias de la tarde, donde siempre esperaba la llegada de alguna hermana para compartir la merienda.

Era muy familiar, tenía buenísima relación con sus sobrinos, quienes la visitaban con mucha frecuencia; mutuamente se querían y admiraban. En los últimos días repetía constantemente ¡GRACIAS!; era consciente de que llegaba al final del camino y de lo que esto suponía para ella, la comunidad y su familia. Le ha costado llegar a la meta; el encuentro con el Señor se ha hecho esperar.  

¡Gracias Piedad! por lo que has sido y significado para quienes hemos vivido y compartido contigo durante los 61 años de Carmelita Misionera. Tu testimonio sigue vivo entre nosotras. Ahora disfruta del Banquete eterno. Contamos con tu intercesión. Pide por toda la Provincia y especialmente por esta casa, la “casa de todas” donde tú viviste 42 años, para que siempre se encuentre “la puerta abierta y el pan caliente de la acogida y la fraternidad”.  

Con cariño, en nombre del Consejo

María Esperanza Izco
Madrid, 15 de octubre de 2014

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