Evangelio de San Mateo 26, 14 – 27,66
Mira a tu Rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica…

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
-«Id a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédrnelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.»
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:
«Decid a la hija de Sión: «Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila».»
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
-«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:
-«¿Quién es éste?»
La gente que venía con él decía:
-«Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.»
La pasión según San Mateo de este Domingo de Ramos y de la Pasión la puedes encontrar en el link:
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/29-3-2026/lecturas
LA PASIÓN
Jesús ha ido derramando su perfume. Acabamos de omitir los versículos anteriores al inicio del relato de hoy, donde presenciamos un gesto que recoge, en lenguaje de amor y en lenguaje corporal lo que ha sido su vida.
Ella, la mujer del perfume, anticipa su muerte: derrama el perfume sobre su cabeza, el perfume de su vida. Jesús es como ese perfume intenso que penetra por los poros, y que permanece pegado a ti, como el amor más fiel y más humilde. Y nuestro relato de la pasión hoy empieza con la traición de Judas por dinero, el dinero que le reprochaban los discípulos a la mujer por gastárselo en perfume.
Esa dinámica sigue hoy, esa lucha entre lo femenino y lo lógico, lo bélico, lo defensivo y lo razonable. Jesús se salta el guion. Toda su vida ha ido contracorriente, lo cual le pasaba por ser coherente con su experiencia religiosa. Como decía mi profesor de Cristología, siempre que escucho el relato de la pasión seguido, unas lágrimas corren por mi rostro sin poder ni querer evitarlo, también me pasa a mí.
Y siempre, siempre, la pregunta es ¿por qué tenemos que recordar ese doloroso y punzante relato todos los años? Tal vez una respuesta diferente a la lógica sería “porque él fue el hombre del perfume”.
El hombre integrado, la persona leal. El hombre que nos regaló la experiencia de Dios como Abba que como ese maravilloso relato de la mujer del perfume, que no podemos borrar de las páginas del evangelio, es una experiencia de amor inabarcable. Ese amor natural, coherente le llevó a la muerte. Molestó en un sistema legalista, agresivo y justiciero.

Es la historia de siempre, el perfume, la bondad, la resiliencia… lo femenino, frente a las ansias de poder, la guerra innecesaria, la injusticia generalizada e invisibilizada. Imaginad el aroma que desprenden las palabras de Jesús a lo largo de su vida. Unas huelen a mar, porque es desde ahí desde donde se dirige a los pobres que le escuchan, y es ahí, en su medio, donde Jesús les libera de la opresión de una religión que no presentaba el auténtico rostro del Amor. El presenta su experiencia de Abba desde el púlpito de una barca a la orilla del mar.
O las palabras desde el monte, las bienaventuranzas, con olor a yerba y a tierra, a humus. Con sabor a verdades que liberan y hacen felices a los que sufren por la verdad. El relato de la pasión nos pone delante a alguien que se tira al suelo, y así, agachado, lava y besa pies descalzos y polvorientos, como las madres de toda la historia. Hoy, pies deportados o en exilio constante porque impera el caos del no-amor.
También ahí, en esa mesa hay un aroma, el del vino que quedará como recuerdo de entrega y el del pan recién horneado, que abre el apetito y alimenta a la familia y a la comunidad. ¡Como se puede ser tan maternal, tan sororal! ¡Como nos sigue enganchando!
A Jesús le sale muy caro, pero el legado es indescriptible. Quiero pensar que cuando andaba de juicio en juicio en la trágica noche que celebramos del jueves al viernes, y cargando con su cruz por las tortuosas calles de Jerusalén, quiero creer que recordaba rostros de mujeres y hombres que a lo largo de su vida fueron su perfume, como la que se presenta en la casa de Simón y le acaricia y perfuma la cabeza (Mc 14,3-9) antes de que le explote por no comprender qué es lo que ha hecho para merecer ese dolor e ignominia.
Hoy demasiadas personas, que huelen a perfume de bondad y justicia, son ajusticiadas por… no sabemos. Por estar en el país equivocado, por deseo repugnante de poderosos que sin ningún escrúpulo inventan guerras como si de videojuegos se tratara. Por ser mujeres, o religiosas, o migrantes… A todas las personas que oléis a perfume, al de la mujer que se acercó al sufriente, sabed que también hoy nos queremos acercar a vosotros y vosotras con el perfume de la bondad y la justicia, como lo haría Jesús.
Leer el relato de la pasión puede ser fácil, sentirlo es un reto. Vivirlo un privilegio. Que sea santa esa semana que hoy iniciamos.
Magda Bennásar Oliver, sfcc
SEGUIR A JESÚS CONDUCE A LA CRUZ
Estamos tan familiarizados con la cruz del Calvario que ya no nos causa impresión alguna. La costumbre lo domestica y lo «rebaja» todo. Por eso es bueno recordar algunos aspectos demasiado olvidados del Crucificado.
Empecemos por decir que Jesús no ha muerto de muerte natural. Su muerte no ha sido la extinción esperada de su vida biológica. A Jesús lo han matado violentamente. No ha muerto tampoco víctima de un accidente casual ni fortuito, sino ajusticiado, después de un proceso llevado a cabo por las fuerzas religiosas y civiles más influyentes de aquella sociedad.
Su muerte ha sido consecuencia de la reacción que provocó con su actuación libre, fraterna y solidaria con los más pobres y abandonados de aquella sociedad.
Esto quiere decir que no se puede vivir el evangelio impunemente. No se puede construir el reino de Dios, que es reino de fraternidad, libertad y justicia, sin provocar el rechazo y la persecución de aquellos a los que no interesa cambio alguno. Imposible la solidaridad con los indefensos sin sufrir la reacción de los poderosos. Su compromiso por crear una sociedad más justa y humana fue tan concreto y serio que hasta su misma vida quedó comprometida.

Y, sin embargo, Jesús no fue un guerrillero, ni un líder político, ni un fanático religioso. Fue un hombre en el que se encarnó y se hizo realidad el amor insondable de Dios a los hombres.
Por eso ahora sabemos cuáles son las fuerzas que se sienten amenazadas cuando el amor verdadero penetra en una sociedad, y cómo reaccionan violentamente tratando de suprimir y ahogar la actuación de quienes buscan una fraternidad más justa y libre.
El evangelio siempre será perseguido por quienes ponen la seguridad y el orden por encima de la fraternidad y la justicia (fariseísmo). El reino de Dios siempre se verá obstaculizado por toda fuerza política que se entienda a sí misma como poder absoluto (Pilato). El mensaje del amor será rechazado en su raíz por toda religión en la que Dios no sea Padre de los que sufren (sacerdotes judíos).
Seguir a Jesús conduce siempre a la cruz; implica estar dispuestos a sufrir el conflicto, la polémica, la persecución y hasta la muerte. Pero su resurrección nos revela que, a una vida crucificada, vivida hasta el final con el espíritu de Jesús, solo le espera resurrección.
José Antonio Pagola
QUE LO LIBRE SI ES QUE LO AMA
Los evangelios se comenzaron a escribir desde la dura experiencia de la pasión de Jesús. Por eso son un pozo sin fondo para beber la espiritualidad cristiana.
Tras escuchar el amplio relato de la pasión de san Mateo lo que procedería sería guardar silencio sin más. Pero, por si se quiere ahondar un poco con la meditación, subrayamos un solo aspecto: estando Jesús en cruz, sus enemigos se mofan de él. Y le hieren en la fibra más viva: Dios te ha abandonado, tu Padre no te mira. De ahí la burla hiriente: QUE LO LIBRE SI ES QUE LO AMA. No entendían que, precisamente porque lo amaba, le acompañaba en aquel camino de entrega que había elegido y cuyas consecuencias sufría. No sabemos cómo, pero Dios le sostenía en su enorme dolor porque nunca estuvo Dios tan cerca de Jesús como cuando estaba en el patíbulo, aunque él no lo sintiera. Si lo hubiera bajado de la cruz, si le hubiera llevado al sinsentido de su entrega, Dios se habría desdicho de sí mismo y la vida de Jesús habría sido una derrota. Por eso creemos que, en su enorme fracaso, la cruz es el triunfo del amor.
¿Cómo vivir la pasión de Jesús y nuestra propia pasión de humanos cuando el dolor nos cerca y creemos que no hay lugar sino para el sufrimiento? ¿Cómo entender que estando en la cruz, en las dificultades de la vida, Dios sigue más que nunca con nosotros? Dios consuela cuando consolamos: cuando nos importa el sufrimiento de los demás y tratamos de que no ocupe todo el espacio en su vida, Dios consuela.

Dios acompaña cuando acompañamos: cuando creemos que dar tiempo para estar con el que lo pasa mal no es una pérdida, Dios acompaña. Dios sostiene cuando sostenemos: cuando echamos una mano para sostener una situación de fragilidad, Dios sostiene.
Y tengamos en cuenta de que, aun en el caso de que no consolemos, ni acompañemos, ni sostengamos, Dios está con nosotros. Pero está en actitud de espera porque nosotros somos los brazos con los que Dios ama y actúa. La tarea de la vida cristiana es hacer visible con nuestro amor al Dios que nos ama.
Celebremos la Semana Santa con la mayor hondura que podamos. Está bien que acudamos a una representación de la Pasión, a una procesión o algún acto similar. Está bien que aprovechemos estos días para descansar. Pero, cuando volvamos a casa, cojamos el librito del evangelio de cada día y leamos un poco el relato de la Pasión de Jesús. Leamos con deseo. Eso puede ayudarnos a entender mejor al Jesús que se entrega y a dar sentido a mucho de nuestra vida.
Fidel Aizpurúa Donazar
Documentación:
Liturgia de la Palabra
Documentación:
Salmo 22
Documentación:
Plegaria

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