marzo 16, 2015
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Hna. Felicidad Bellart Rubio

“… el que dé de beber tan sólo un vaso de agua…
no quedará sin recompensa”

(Mt. 10,42)

Muy queridas Hermanas:

De nuevo con vosotras para comunicaros que tenemos otra intercesora en el Cielo. Ayer, día16 de marzo de 2015, falleció nuestra Hermana FELICIDAD BELLART RUBIO a los 81 años de edad y 61 de vida consagrada, en la comunidad “Nuestra Señora de las Virtudes”, Tárrega (Lérida). Oramos por ella y por su comunidad, pedimos al Señor que “el paso a la Vida” de las tres hermanas fallecidas en la citada comunidad en este año 2015, reavive la esperanza en el Resucitado de las que siguen caminando comunitariamente hacia la Pascua.

Felicidad nació en Puiggrós (Lérida) el día 5 de septiembre de 1933 y, como Samuel, escuchó la llamada del Señor y respondió con generosidad “Aquí estoy”. Llamada y respuesta que le fue acompañando a lo largo de su trayectoria vocacional y misionera. Ingresó en la Congregación en el año 1952 y profesó en el noviciado de Pamplona el 3 de marzo de 1954. Hace pocos días recordó el 61 aniversario de su primera profesión y, con generosidad, ratificó su entrega al Señor como Carmelita Misionera.

Quienes conocemos a Hna. Felicidad la asociamos a Canadá, sin embargo antes de ir a tierras canadienses estuvo en las comunidades de Badalona, brevemente en La Alianza de Barcelona y en Montpellier (Francia) del 1955 al 1959, fecha en que fue destinada a Canadá. Este fue su lugar querido, donde trabajó con “alma, vida y corazón”, primero en Joliette y después en Montreal. En la historia de su vida hay muchas páginas inéditas, que solamente ella y el Señor conocen, son las páginas de su día a día, de su trabajo en el Hospital y después con los emigrantes latinos en la misión Santa Teresa; hojeando estas páginas descubrimos su “buen hacer”, sus fatigas y desvelos por los demás. En el año 2014 se cerró la casa de Montreal, donde Felicidad habia vivido desde el año 1976; le costó dejar su comunidad, la gente de la misión, su “segunda patria”, como solía decir y tantos recuerdos y acontecimientos vividos y celebrados. Y, con la confianza firme en el Señor, emprendió el camino de regreso; despues de descansar unos días, se incardinó en la comunidad de Tárrega. En esta comunidad dio la “cara” la enfermedad que sin duda venía padeciendo desde hace bastante tiempo; en pocos meses experimentó el misterio de la muerte y, ahora, de la Resurrección. 

Recordamos a Hna. Felicidad como persona sencilla, detallista, fraterna, alegre, servicial, grande a los ojos de Dios. En la soledad del invierno canadiense y al calor de la oración constante fue vivenciando el modo de “ser y actuar” de Jesús y asimiló muchas palabras del evangelio, entre otras: “el que dé de beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños… no quedará sin recompensa”. Ella no sólo ofrecia lo necesario a los enfermos y “cosas en el bazar de la misión” a los necesitados, sino que se daba a si misma. Hoy, que ya está en la casa del Padre, habrá recibido la “recompensa” prometida.

Juntas agradecemos al Señor la vida, vocación y servicio de nuestra Hna. Felicidad. Pedimos, por su intercesión, la fuerza para vivir con gratitud el pasado, la capacidad para hacer felices a los demás y la sensibilidad para ofrecer a los que caminan a nuestro lado “el agua de la Vida”.

Un fuerte abrazo, en nombre del Consejo Provincial y feliz fiesta de San José.

Hna. María Esperanza Izco
Madrid, 17 de marzo de 2015

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